La Duda

Una historia bien contada siempre implica un alto grado de manipulación. El concepto de “manipulación” se usa en sentido negativo cuando esta es tan burda que somos conscientes de su presencia y la ilusión del relato se rompe. Esta aclaración explica el abismo artístico que separa a una desalmada pieza de porno-miseria como Slumdog Millionaire de un filme de categoría como La Duda, donde el contexto social no es sólo escenografía sino un dato esencial en el drama.

La historia es simple: en un colegio católico de Nueva York, la hermana Aloysius recibe información de una hermana más joven respecto al “interés” que el padre Brendan podría tener sobre uno de los niños del colegio, quien –detalle no menor- es el primer alumno negro que reciben.

De ahí en adelante, La Duda (dirigida por Shanley a partir de su propia obra teatral) avanza por rutas poco comunes en esta clase de temas. El cruce entre pedofilia e Iglesia no es broma, pero el filme es menos un drama de denuncia que un choque brutal entre apertura y aislamiento, entre hombres y mujeres y entre lo que se sabe y lo que se cree.

Nosotros no somos parte de sus familias”, reclama la hermana Aloysius cuando el cura le habla sobre la necesidad de acortar la distancia entre la Iglesia y sus fieles. El delicado equilibrio que el mundo católico mantiene al mezclarse con la sociedad profana es clave en la cinta, porque La Duda (que funciona al mismo tiempo como pesquisa policial y como fábula moral) es una historia que se pregunta constantemente sobre cuáles son los límites, ya sean estos jerárquicos o sexuales.

Más curioso aún, este es el retrato de una contienda moral donde la inspiración divina no tiene lugar. Estos son seres humanos dilucidando –a solas, sin brújula ni mapa- las viejas preguntas: Dónde está la verdad. Qué es lo correcto. Quién merece castigo y quién merece perdón.

De ahí que uno de los mejores momentos de una cinta plagada de grandes detalles sea cuando la hermana amenaza al sacerdote empuñando un crucifijo. Que en el contexto de tanta ambigüedad y duda no aparece más que como un símbolo vacío y diminuto, eco de una sabiduría con la que ellos no cuentan.

La Duda transcurre casi por completo en espacios cerrados y con pocos personajes.  Algunos podrán atacarla diciendo que es demasiado “teatral”. Craso error. Es una película viva, intensa y rabiosa, cuyos actores se lucen y cuyas implicancias quedan girando mucho después de los créditos finales.

(Publicado originalmente en La Tercera, 26 de febrero del 2008)

About these ads
Esta entrada fue publicada en Cine. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s