La Chica que Soñaba con un Fósforo y un Bidón de Gasolina

Director: Daniel Alfredson

Actores: Michael Nyqvist, Noomi Rapace, Lena Endre.

Duración: 129 minutos

Calificación: Mayores de 18

Como Hitchcock lo demostrara en 1960 con Psicosis, una novela del montón puede ser la base para una muy buena película. El ejemplo más reciente son las adaptaciones de la trilogía Millennium, del fallecido Stieg Larrson.

Las aventuras del periodista Mikael Blomkvist y la misteriosa hacker Lisbeth Salander funcionan mucho mejor en pantalla que en papel. No sólo por la necesidad de síntesis inherente al medio, sino porque los diálogos mecánicos y farragosos del original se benefician aquí del trabajo de un solvente equipo de actores.

En esta segunda parte, Salander ha sido acusada de una serie de homicidios. Blomkvist intenta limpiar el nombre de su amiga, mientras ella inicia su propia investigación, una que la lleva a cruzarse con horrorosos fantasmas del pasado.

Ya está claro a esta altura que las intrigas de la trilogía son menos importantes que la psicología de quienes las protagonizan. Este es un thriller más interesado en traumas y venganzas que en huellas y pruebas forenses.

Es la ruta adecuada: el misterio de fondo nunca es la identidad del asesino, sino la personalidad de Salander, quizás el personaje cinematográfico más interesante que haya salido de Suecia desde que Max Von Sidow se sentó a jugar ajedrez con la Muerte en El Séptimo Sello.

Lisbeth Salander es fascinante porque es a la vez niña descarriada y ángel vengador. Porque funciona a partir de sus cicatrices y no de sus virtudes. Y porque la encarna Noomi Rapace, quien parece haber nacido para interpretar este rol.

El verdadero aporte de Larrson al thriller no radica en su mezcla de tecnología contemporánea con misterios de la vieja Europa de entreguerras, sino en la vuelta de tuerca que le dio al cliché patentado por Conan Doyle. Blomkvist es el nuevo doctor Watson, fiel compañero de una inteligencia superior. Y Lisbeth Salander es la versión extrema de Holmes: brillante, antisocial, solitaria pero además herida por el demonio de su propia inteligencia.

La paradoja cruel es que Salander sería mucho más feliz si no fuera tan lista. Es un toque de misoginia muy típico del género y es la tragedia que corre bajo la serie.

(*) Publicado en La Tercera, 11 nov 2010

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Una respuesta a La Chica que Soñaba con un Fósforo y un Bidón de Gasolina

  1. GuajaRs dijo:

    No hay caso conmigo y las novelas ladrillo, las evito como bruja al agua.
    En estas situaciones truculentas, para mí la película siempre va primero, y si me gusta mucho, voy por el libro. La experiencia se complementa, la historia se completa. Porque en el caso contrario (libro–>película) siempre la versión en pantalla me parece un bodrio.
    Gracias por la reseña. La veré.

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