Huesos de chiquillo hambriento

 

“Mis sentidos fuertemente ofendidos por los huesudos encantos de una bailarina, sus piernas flacas, sus pechos diminutos y su sonrisa iluminada por la más pura ambición. Rosemary Clooney: una joven con una delantera inusitadamente grande y una larga melena revuelta y amarilla. Sus rasgos distan de ser delicados. Su boca es grande y generosa, como su nariz; su frente es ampia. Es la clase de belleza que promete indisciplina, emociones profundas y sencillas, y sugiere un origen, pero no me refiero a un lugar sino a ese poder místico de sugerir un horizonte que posee la mayoría de las mujeres hermosas. En cuanto a la bailarina flaca, lo que más me repugnó fueron sus clavículas. Estas mujeres de sonrisas dentudas, de melenas hábilmente teñidas, al apartarse de la cámara son traicionadas por la delgadez de sus hombros: huesos de chiquillo hambriento”.

 

John Cheever, Diarios, 1954.

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