Muero como un ciudadano civil

Heiner Muller escribió una obra sobre Alemania que nunca terminó. Uno de sus fragmentos se hizo conocido cuando lo leyó en una entrevista con Alexander Kluge.

 

 

Goebbels:

Estos eran mis niños. Mi futuro. Los he masacrado. Se han ido. Dejamos tras de nosotros lo que nos persigue. El futuro es nuestro enemigo, la victoria es nuestra.

 

Muere. Stalin aparece y sale riendo del escenario.

 

Hitler:

Rattenhuber, trae la gasolina y pídele a las damas que vengan.

 

Rattenhuber sale y vuelve con las latas de gasolina.

 

Hitler:

Señoritas, gracias por todo el trabajo que han ejecutado lealmente, qué sería de la vida sin la lealtad de las mujeres. No hablaré de la muerte por el bien de mi servicio a Alemania, que perece conmigo.

 

Ruido de disparos, explosiones.

 

Hitler:

 

Están escuchando el triunfo de los subhumanos, los cuales entran así en su período de dominación. Los subhumanos han probado ser más fuertes. La humanidad puede perecer. Yo soy, como saben, el superhombre. He hecho lo que he podido para exterminar la humanidad, que está sobrepoblando el planeta.

Después de mí, otros vendrán y continuarán mi labor. Dejo este mundo, ya demasiado pequeño para mí, junto con la señorita Eva Braun, con quien me casé una hora atrás, he aquí el certificado matrimonial firmado por Richard Wagner.

Por favor examinen esta firma, de modo que ni el cielo ni el infierno puedan separarnos, porque sus manos están limpias y las mías ensangrentadas, tal como las manos de todos los grandes hombres de la historia.

Alejandro, César, Napoleón, Federico el Grande.

Stalin.

En una escala histórica, la sangre es un combustible mejor que la gasolina, que lleva a la eternidad, y la lealtad es la raíz del honor. Regreso a los muertos que me concibieron. Jesús fue el hijo del hombre y yo soy el hijo de los muertos.

Hice que mataran a mi astrólogo, el señor Federico Nietzche, de forma que él me preceda en el Reino de los Muertos, la cual es la única realidad y cuyo representante en la Tierra yo he sido.

Mi programa vivirá: contra la mentira vital del comunismo TODOS O NINGUNO, opondré la simple, campechana verdad NO HAY SUFICIENTE PARA TODOS. Contra la mentira palaciega de los sacerdotes AMA A TUS ENEMIGOS, el honesto mandamiento de mi catecismo alemán ANIQUÍLALOS DONDEQUIERA QUE LES ENCUENTRES.

He escogido Europa como mi pira funeraria. Su llama me librará de mis deberes como hombre de Estado. Muero así como un ciudadano civil. Pero el humo de las ciudades ardientes llevará mi fama alrededor de la tierra y la ceniza de los crematorios oscurecerá los cielos. Mi monumento, al cual el viento llevará tras de mí a las estrellas. Porque la fama de los hechos de un hombre muerto vive por siempre, como dice la Edda, el libro sagrado, la Biblia del Norte. Larga vida al Pastor Alemán.

 

Hitler mata a su perro de un disparo.

 

Secretarias:

Heil Hitler!

 

Hitler sale de escena. Dos disparos. Las mujeres bailan siguiendo la melodía de El Ocaso de los Dioses de Wagner. Al fondo, se quema Berlín.

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Una respuesta a Muero como un ciudadano civil

  1. “En una escala histórica, la sangre es un combustible mejor que la gasolina” tremendo, buento texto. Gracias por postearlo.

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