El Baile de la Victoria

Un ladrón veterano (Ricardo Darín) sale de la cárcel e intenta recuperar el cariño de su hijo y el dinero que dejó a cargo de un amigo. En paralelo, un muchacho también sale de prisión, no sin antes tener un breve y misterioso diálogo con el alcaide (Julio Jung).

Dando vueltas por un Santiago que no reconoce, el viejo ladrón se  cruza con los pasos del muchacho, ahora involucrado con una chica muda que baila como los dioses (Miranda Bodenhofer). Un plan maestro para robar millones de pesos tentará al experto bandido a resucitar sus dotes como saqueador de cajas fuertes.

El Baile de la Victoria es una co-producción dirigida por un español, con elenco multinacional a partir de una novela de Antonio Skármeta. Semejante cruce –cada vez más habitual en la producción latinoamericana- tal vez justifique los acentos de los actores, pero nunca termina de explicar la falta de interés del relato en general.

Abundan las peripecias y las microhistorias en el guión. De hecho, uno siente que sobran. Hay personajes apenas esbozados y otros que sólo se sostienen gracias al oficio de gente como Jung o Luis Dubó.

Sin embargo, con todas las aventuras que sus personajes viven, El Baile de la Victoria luce distante y frío. Es un drama de crimen y redención que termina siendo más correcto que apasionado. Le sobran bellos planos (la fotografía de Julián Ledesma es destacable) y le faltan lazos con el mundo real más allá de ese Santiago céntrico y nocturno pero  –en el fondo- bastante amable para tratarse de una historia de ladrones y traición.

La nobleza del trabajo de Darín, uno de los mejores actores del continente, no evita la sensación de estar viendo un producto de otro tiempo. Hay un aire anticuado en El Baile de la Victoria, como si fuera una película rendida a la nostalgia y a la falsa ingenuidad antes que a la urgencia de estos días.

Puede ser injusto exigirle a la cinta de Trueba lo que esperaríamos de un filme nacional sólo por estar ambientada en Santiago. Pero en un año donde hemos visto títulos como Post Mortem, Huacho y Mandrill, esta adaptación se queda corta también a la hora de dar un retrato del país que se eleve sobre los clichés de siempre.

(Publicado en La Tercera, 30 diciembre 2010)

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