El Vencedor (The Fighter)

Cuando dos boxeadores suben a un ring, ambos saben a lo que van. Por caótico o violento que luzca el combate desde afuera, es un espacio completamente reglamentado, donde cada uno entiende que el objetivo primordial del otro es dejarle fuera de combate.
Las reglas no son tan claras en el mundo de la familia y los afectos. Quien declara amarte puede ser tu peor lastre y quien te dio la vida puede ser la misma persona que está dispuesta a hundirla.
El choque entre ambos universos es el tema de El Vencedor, un drama que en apariencia trata sobre boxeo y segundas oportunidades, pero que en verdad es sobre el aprendizaje emocional de un hombre que aún no entiende que el odio y el amor suelen ir de la mano en los lazos sanguíneos.
Micky Ward es un boxeador amateur que sueña con ascender. Dickie, su hermano mayor, fue la verdadera promesa pugilística de la familia –y del barrio- hasta que un par de fracasos y una adicción a las drogas le convirtieron en un guiñapo. La madre de ambos es la actual manager de Micky, pero su corazón y el de sus otras hijas están con Dickie, el hijo al que todo se le perdona en nombre de una gloria incumplida.
En El Vencedor hay magníficas secuencias de combate y un final algo genérico que trae a la memoria las fanfarrias de Rocky y El Luchador. Pero las batallas que importan Micky las libra en el living de su casa o en la cama de su apartamento cochambroso, enfrentando a su madre o a una novia capaz de ver el horror de la familia que le rodea.
Es refrescante toparse con un drama deportivo construido sobre la mala leche en vez de los grandes valores. Micky no boxea por pasión, sino por dinero. Para escapar del barrio, de la familia y del odio de su hermano, quien atisba en su ascenso la carrera que él no consiguió tener.
La artesanía de los actores y el olfato del director Russell esquivan las reconciliaciones baratas. Tal vez la familia consiga algo parecido al reencuentro, pero en las sombras y ambigüedades de esos perdones está lo mejor de esta película.
Algunas personas jamás alcanzan todo su potencial. Otras nunca consiguen ver a sus padres más allá de la imagen que se formaron de ellos en la infancia. Ambos bandos tienen en El Vencedor una representación descarnada que levanta al filme como el primer gran estreno del año en Chile.

 

(Publicado originalmente en La Tercera, 3 de febrero de 2011)

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