La experiencia de los años

Sidney Lumet murió en la ciudad que filmó como al amor de su vida. En estos tiempos de fondos digitales, la conexión particular que un realizador pueda tener con un lugar real suena anticuada, pero Nueva York fue el escenario de sus mejores trabajos.

En Manhattan y sus alrededores, Lumet organizó historias sobre personajes que intentan hacer lo correcto, redimirse o sólo sobrevivir. Que son traicionados y marginados, que resisten y huyen. En sus mejores momentos (Tarde de Perros, Serpico, El Príncipe de la Ciudad), consiguió equilibrar la mirada política con el pulso dramático y la ideología con la emoción.

Activo en cine desde los años ’50, pero con oficios paralelos en teatro y televisión, el director de Network fue un gran formador y descubridor de actores. Los amaba, los seguía a través del tiempo y, en algunos casos, como el de Vin Diesel en Find Me Guilty (2006), les dio roles que nadie imaginó que serían capaces de interpretar.

En sus entrevistas y en Making Movies (1995), su espléndido libro sobre los placeres y miserias del oficio, Lumet nunca dejó de recalcar la importancia de contar con un buen guión. Durante su vida, trabajó con algunos de los mejores escritores de la historia del cine: desde Waldo Salt hasta David Mamet, pasando por Paddy Chayefsky y Frank Pierson.

Como John Frankenheimer, otro director formado en televisión y luego emigrado al cine, Lumet filmó docenas de títulos y exploró diversos géneros. Su carrera fue una lista de altos y bajos y una permanente batalla por ganar respeto como autor. Eclipsado a fines de los ’70 por estrellas como Scorsese y Coppola, Lumet adquirió la imagen de un artesano eficiente, pero sin temas ni mundo propio. Craso error: su cine conservó hasta el final una rara lucidez sobre la dificultad de mantener en el mundo adulto las ilusiones de la juventud, idea que fue central en la subvalorada Al Filo del Vacío (1988).

No tengo nada que aprender de usted”, le dice un recluta desdeñoso a Treat Williams al final de Príncipe de la Ciudad (1981), cuando el ex policía corrupto se reinventa como profesor de sus futuros pares. Muchos pensaron algo similar sobre Lumet. Sólo ahora, cuando la elegancia y síntesis del relato clásico brillan por su ausencia en cartelera, uno puede apreciar lo mucho que nos hacen falta veteranos en medio de tanto niñito insolente.

 

(Publicado originalmente en La Tercera, 10 abril de 2011)

Esta entrada fue publicada en Cine y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s