Pase Libre

Fred y Rick son dos amigos cuyas responsabilidades como adultos, profesionales y hombres de familia no han logrado quitarles la costumbre de fantasear con chicas mucho más jóvenes que ellos.

Sus mujeres enfrentan esta conducta con más resignación que furia pasional. Por eso un día deciden darles a ambos un insólito “pase libre”: mientras ellas se van fuera de la ciudad, ellos tendrán una semana para hacer lo que deseen y con quien les plazca.

Lo más llamativo de la nueva comedia de los hermanos Farrelly no es que funcione como tal. Tiene una saludable ración de chistes de baño y alusiones sexuales, así como los habituales secundarios exóticos que los directores vienen desarrollando desde Una Pareja de Idiotas (1994).

No, lo que de veras sorprende es la total desconexión de Pase Libre con cualquier aspecto del mundo real. Seguro, los Farrelly jamás han apostado por el naturalismo, pero incluso en un largo animado como Osmosis Jones (2001) había elementos que podían conectarse con la experiencia cotidiana.

Pase Libre sucede en un universo de fantasía más cercano a series como Los Picapiedras que a cualquier otro filme de los Farrelly: hombres que temen y mienten a sus mujeres, esposas que manipulan y (en el fondo) desprecian a los padres de sus hijos.

En sus inicios, los Farrelly fueron una revolución en la comedia norteamericana, no sólo por su defensa del humor de camarín, sino por la idea general de que en sus historias todo el mundo (infieles, palurdos, obesos mórbidos, siameses) merecía defensa, cariño y representación.

Esa moral ha ido dando paso a un curioso empeño por negar la posibilidad de entendimiento y respeto entre los sexos. Si Judd Apatow –el gran heredero de los Farrelly- cuenta historias sobre hombres conscientes de su inmadurez y falta de rumbo, los hermanos parecen embarcados en la dirección opuesta: ser honesto con tu amor no sirve de nada y una relación de pareja está siempre fundada sobre la mentira.

Pase Libre tiene escenas muy divertidas. Pero su mirada sobre el matrimonio debe ser una de las más oscuras que haya producido Hollywood desde que Marilyn Monroe tocó el timbre de su vecino en La Comezón del Séptimo Año.

(Publicada originalmente en La Tercera, 14 de abril 2011)

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