Arráncame la Vida

En el México de los ’30, una quinceañera llamada Catalina es cortejada y luego desposada por un general que podría ser su padre. Convertida en mujer decorativa y brazo derecho de ese militar con aspiraciones políticas, Catalina conoce de primera mano las intrigas y traiciones mutuas de un país que intenta refundar su espíritu republicano tras la Revolución.

Ese es el argumento de Arráncame la Vida, la novela de Angeles Mastretta adaptada con bastante fidelidad en esta película, supuestamente la más costosa en la historia del cine mexicano.

¿Pero fidelidad a qué? ¿Al espíritu de folletín y melodrama del libro o a los ecos de la historia real? Arráncame la Vida quiere ser gran cine latinoamericano de exportación, pero sin dejar de apelar a los orígenes humildes y patipelados del melodrama. Y a medio camino consigue algunos momentos logrados –la primera vez que Catalina entra a la ópera o la relación que tiene con sus sirvientes-, aunque ninguno de ellos levanta la película sobre la medianía.

El problema no son los clichés, ya que el género del melodrama se alimenta de ellos. El problema no son los magníficos cuerpos latinos sudados después del amor en esos imponentes catres de hierro, ni las fiestas, ni los trajes, ni las impresionantes vistas de la campiña, ni la música a toda orquesta o las viejas sabias que sueltan sus frases para el bronce sin miedo a ser demandadas por García Márquez.

El problema de fondo es que Arráncame la Vida nunca se decide a abrazar el melodrama con autoridad o cariño. Es una producción pulida y elegante, pero en el mal sentido de la palabra, porque pretende ser sobria contando una historia que es puro exceso y sangre caliente.

Eso la vuelve un híbrido contradictorio, especialmente en un tema clave, como es la relación de poder entre hombres y mujeres: es llamativo que en una historia sobre la supuesta liberación mental y física de una mujer, sea la voluntad masculina (violenta o seductora) la que de veras mantiene el interés del espectador.

No nos toca de la misma forma el dilema de Catalina, porque apenas llegamos a conocerla. Sólo sabemos que siguió sus instintos, que se perdió en el camino y que cuando quiso seguir su corazón, ya era tarde para ella y para la película también.

(Publicado originalmente en La Tercera, 27  de noviembre del 2008)

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Una respuesta a Arráncame la Vida

  1. Lalo Miranda dijo:

    No podemos evitar pensar que por mucho tiempo las decisiones y vida de las mujeres han estado sujetas a los actos de los hombres, es una pena que en la actualidad incluso muchas mujeres le sigan pidiendo permiso al marido para salir o hacer cualquier cosa.
    Mucho más en el México antiguo, con la tradición machista y deshonorable que mantiene este país, donde se siguen fomentando actitudes de este tipo desde la familia, en muchos lugares las hijas siguen “sirviendo” a los papás o los hermanos y se les considera tan pequeños e insignificantes que sus decisiones no sirven de mucho =(

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