Control Total

Dos personas que no se conocen reciben en sus celulares la llamada de una voz femenina que les chantajea para que sigan sus instrucciones. Las órdenes son tajantes y crueles, más aún debido a que la voz parece tener control sobre todos los sistemas computacionales y de vigilancia en el país.

Al director Caruso le gusta Hitchcock. Lo demostró con su anterior filme, un mediocre remake de La Ventana Indiscreta llamado Paranoia (2007). Y lo reitera en Control Total, donde incluso se da la licencia de citar el final de El Hombre que Sabía Demasiado cambiando la sinfónica de Londres por una orquesta infantil.

Pero de Hitchcock a Caruso le interesa la técnica, no la moral. Desde luego, sus personajes viven una odisea paranoide muy similar a la de Cary Grant en Intriga Internacional, pero nada en ella tiene ecos o señales que nos hablen más allá de los resortes del género.

Vigilancia omnipresente, héroes en fuga, el Estado ciego, todos estos elementos ya los habíamos visto en Enemigo Público (1998), el formidable thriller de Tony Scott que enchuló el género paranoico y dio el pase a cintas como Arlington Road, Tirador y la misma saga de Jason Bourne.

Control Total es una pieza menor dentro de ese lote. Es ágil, pero liviana, y su intriga no es laberíntica, sino confusa. Distrae porque su premisa es atractiva y porque en la era Facebook/iPhone tiene más relevancia que nunca. Pero Caruso en el fondo usa la tecnología como truco para hacer avanzar la trama y no porque quiera reflexionar de veras sobre su relación con el poder político.

Lo que es lamentable, porque el filme termina cayendo en un discurso que haría sonrojar de vergüenza al viejo Hitchcock e incluso al Michael Mann de El Informante: el problema, nos dice Control Total, no es que la Internet y los celulares sean puertas abiertas a la vigilancia estatal. El problema es que a veces las máquinas se equivocan y los inocentes sufren. O sea, no son las personas quienes deben asumir responsabilidad, sino el sistema que se cae o la computadora que se recalienta. Control Total es un gato por liebre: luce como una fábula progresista sobre “quién vigila a los vigilantes”, pero en el fondo predica a favor de estos últimos.

(Publicado originalmente en La Tercera, 25 de septiembre de 2008)

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