El Diario de una Niñera

Hay dramas disfrazados de comedia (Viviendo con tu ex) y hay fábulas existenciales disfrazadas de comedia romántica (La Boda de mi Mejor Amigo). Y he aquí una rareza: una comedia romántica disfrazada de sátira social, basada en The Nanny Diaries, un libro sobre las horrendas experiencias como niñeras de dos muchachas de Manhattan.

Annie Braddock (Scarlett Johansson) es una egresada universitaria que mete la pata en una entrevista de trabajo. El destino le pone en el regazo una singular alternativa: emplearse como niñera en el hogar de una de las familias más ricas de la ciudad.

Desde luego, la dueña de casa es una egoísta neurótica y, por supuesto, el hombre es un padre ausente, trabajólico y mujeriego. El niño que Annie debe cuidar al principio es un pequeño monstruo, hasta que ambos crean un lazo que será un problema más tarde. Todos los elementos para reírse de este peculiar segmento de la clase alta gringa están servidos, pero la película nunca termina de hincarles el diente.

Al final de cuentas, El Diario de una Niñera es 100% más amable y conciliador de lo que sugiere su sinopsis. No hay verdadera furia ni sarcasmo en sus escenas, porque el verdadero conflicto aquí no es la guerra de clases –o el abismo que las separa- sino la manera en que Annie debe aprender su lugar en el mundo.

Lo que lleva a la triste comprobación de fondo: el problema no es que en la Norteamérica moderna existan diferencias monetarias dignas de la Uganda colonial o que goce de buena salud un sistema de castas sociales que espantaría a Jane Austen. El problema es cómo esta pobre chica confundida de clase media sobrevivirá al trauma del contacto íntimo con estos ricachones, quienes –a la larga- no son tan malos ni tan dignos de reproche. Sólo necesitan paciencia y cariño, los mismos que pueden comprar con tanta facilidad como un par de calcetines.

Hay una película terrible y cruel –digna de un Berlanga o un Buñuel- atrapada aquí. Pero nunca sale del closet y lo que queda, en cambio, es una comedia romántica del montón. Sazonada con algo de sátira social, pero suave, eso sí, no se vayan a enojar los patrones.

(Publicado originalmente en La Tercera, 19 junio de 2008)

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