El Poder de la Palabra

En medio del caos burocrático desatado por el Transantiago el 2005, los vendedores ambulantes (expulsados de las micros por el nuevo reglamento) deciden organizarse para recuperar su espacio y sus empleos.

Siguiendo a los protagonistas de esta historia mínima, el documental consigue más de un milagro: humaniza a un gremio nunca muy querido por el resto de la población, satiriza con gracia la pasión nacional por las soluciones parche y lo hace sin discursear ni llorar.

Esta es la película perfecta para ver en época de elecciones, ya que su verdadero tema es sobre cómo las personas aprenden a ser ciudadanos y a entender que son las instituciones las que deben servir al público y no al revés.

En un año donde el paternalismo subterráneo de ciertas cintas chilenas ha causado el inexplicable aplauso de los críticos, esta es una bienvenida cuota de aire fresco al debate. Las personas en el documental no están pidiendo limosna ni caridad beata: exigen el derecho a trabajar y –no es menor- el derecho a que se les considere parte del Estado. Una de las mejores películas chilenas que haya visto en varios años.

(Publicado originalmente en La Tercera, 11 de noviembre del 2009)

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