Huacho

Es curioso que Huacho se estrene la misma semana en que elegimos entre dos candidatos que coinciden en defender el sistema económico que este filme critica.

El primer largometraje del director Fernández Almendras es político no desde el discurso, sino desde la observación y sus alcances no son partidistas, sino sociales.

La historia cuenta un día en la vida de una familia campesina en una zona cercana a Chillán. Seguimos a sus cuatro miembros (el niño, la madre, los abuelos) por separado en capítulos donde cada uno de ellos lidia con sus propios conflictos.

La abuela vende quesos en la carretera. El abuelo clava estacas en medio de un sitio casi baldío. La madre cocina en una parcela cuya administradora intenta convertirla en un seudo-museo del color local que los turistas esperan ver. Y el niño va a una escuela pública, lo que quiere decir que marca el paso para volverse un adulto pobre como sus mayores.

Huacho es una película pequeña, lúcida y precisa. Algunos cínicos podrán decir que la quietud de sus encuadres, la ausencia de música y sus actores amateurs evocan un ‘cine de festival’, un tipo de filmes basados en los premios y el circuito europeo.

Esa sería una mirada errónea y superficial. Los recursos expresivos aquí están al servicio de algo más ambicioso que una moda o un trofeo. La cámara de Inti Briones filma las acciones de los personajes sin énfasis, pero también sin tregua: los vemos dudar y también los vemos temer. Sobre todo temer, porque este es un mundo campesino que cambia y donde muchos atisban que ya no hay lugar para ellos.

Esta es una película sobre personajes que resisten: a la soledad, al hambre, a la muerte. Lo hacen sin aspaviento ni queja y esa actitud tiene una rara dignidad que a ratos emociona.

En un cine nacional todavía obsesionado con irse de picnic al campo, Huacho brilla con la autoridad del conocimiento de primera mano. Este es el filme de alguien que conoce a sus personajes porque, en estricto rigor, no son personajes.

En esta familia, la supervivencia del grupo depende de una rutina donde sus integrantes apenas se ven durante el día. Normal, dirán algunos. Exacto. Que nos parezca normal lo hace aún más horrible.

(Publicado originalmente en La Tercera, 14 de enero del 2010)

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