La Niebla

Un grupo de gente se queda atrapada en el supermercado de un pueblito mientras afuera una extraña niebla se extiende por la zona. Divididos entre quienes prefieren quedarse dentro y los que luchan por abrirse paso en un entorno bruscamente extraño, deberán unirse para resistir el ataque de criaturas de pesadilla escondidas en la niebla.

Esa era la premisa de la novela original de Stephen King, uno de los relatos más kafkianos y concisos de su carrera (240 páginas) y no era un desafío menor adaptarla de forma atractiva para el cine. La opción del director Darabont –en su tercer acercamiento al mundo del novelista- fue apostar por la fábula política, usando a una fanática religiosa (Marcia Gay Harden) para encarnar el peor costado de una Norteamérica asediada por sus propios demonios.

La metáfora es interesante, pero Darabont carece del oficio necesario para integrarla orgánicamente a la trama. Sin embargo, como pieza de género La Niebla es un correcto ejercicio de terror claustrofóbico, incluyendo su esperada dosis de gore, suspenso y monstruos digitales. Además, todo el conjunto tiene un agradable tufillo a cine de serie B, aquel género donde hicieron y hacen nata no sólo las malas películas, sino también la saludable audacia de quien tiene poco que perder.

Si hay una obsesión persistente en Darabont, es el sadismo con que trata a sus protagonistas y la explotación emocional a la que les somete sin asco ni freno. Ya sea amenazándolos con humillación sexual (Sueño de Fuga), sillas eléctricas (Milagros Inesperados) o persecución política (The Majestic), sus películas nunca dejan de recalcarnos que el mundo es un horror y la justicia un bien escaso.

Por eso, más que los delirios sanguinarios de la fanática, el verdadero aporte de Darabont a la historia en términos de actualidad y empatía con el aquí y el ahora es su escena final. Apenas sugerida en el relato de King, en pantalla la secuencia es simple y brutal y supera a cualquier horror exhibido en el resto de la cinta. Quizás porque la sola idea de que Hollywood permita un final así en una película de género (calificada para mayores de 14 en Chile) sugiere una fractura en el alma de ese país, un miedo y un aislamiento de los cuales La Niebla es una metáfora apenas digna.

(Publicado originalmente en La Tercera, 11 de septiembre de 2008)

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