La Propuesta

Uno de los finales más lamentables del Hollywood clásico es el de La Mujer del Año, una comedia romántica de 1942 dirigida por George Stevens. En la escena, la hermosa millonaria feminista (Katherine Hepburn) entra a la cocina de su casa, decidida a recuperar a su esposo (Spencer Tracy) luego de que él casi la abandone por su negativa a ser una mujer “normal”.

La Hepburn, la misma fémina capaz de mover montañas y multitudes, casi quema la habitación intentando cocinar un desayuno. Tracy la espía con una sonrisa paternal: la mujer ha aprendido la lección. Está lista para volver a su verdadero rol de esposa y futura madre.

En La Propuesta, Margaret Tate (Sandra Bullock) es una editora a punto de ser deportada a su natal Canadá, a menos que encuentre una manera de permanecer en Estados Unidos.

Lo único que se le ocurre es obligar a su secretario Andrew (Ryan Reynolds), al que trata con la punta del pie, a que se comprometa con ella y la despose para obtener la ciudadanía. El acepta, obsesionado con el hipotético ascenso que ella puede concederle en un futuro cercano.

Sin embargo, antes que casen, Andrew lleva a Margaret a conocer a sus parientes en Alaska, un clan familiar con todo el calor humano que a ella le falta.

Desde luego, en Alaska ambos se conocen mejor, bajan las defensas y Andrew descubre –sorpresa- que Margaret tiene corazón y líbido de sobra bajo su cubierta de ejecutiva implacable.

Pero el mensaje de fondo no ha variado desde 1942: si en una comedia romántica el héroe es trabajólico, es porque es un tipo apasionado por su vocación, un hombre de principios, un héroe social. Pero si la chica es trabajólica, es porque se trata de una pobre mujer perdida que debe ser “rescatada” por el galán y –en casos extremos, como aquí- re-socializada completamente por la familia del sujeto. “Había olvidado cómo era que se preocuparan por ti”, dice Margaret en un momento.

La Propuesta tiene un par de momentos divertidos y la Bullock luce correcta en su protagónico. Pero a la mediocridad del conjunto se une este tufillo de misoginia recalentada y este miedo ancestral a una figura perturbadora: la mujer que no necesita príncipes azules, sólo alguien que le tome los dictados y le traiga el café.

(Publicado originalmente en La Tercera, 6 de agosto del 2009)

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Cine. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s