Meteoro

Cinco años después de estrenar el último episodio de su trilogía Matrix, los hermanos Wachowski vuelven a las pantallas con otra historia sobre un héroe elegido por su habilidad con la técnica. Si Neo era el profeta capaz de plantar batalla a las máquinas, Meteoro (Emile Hirsch) es el genio adolescente capaz de dominarlas.

Meteoro es un corredor de autos, actividad familiar que lo lleva a chocar de frente con un poderoso conglomerado que pretende convertirle en franquicia. Decidido a mantener su amor por las carreras en el nivel artesanal que aprendió de su padre y su hermano mayor, Meteoro aceptará correr torneos cada vez más peligrosos para vencer a sus enemigos.

Si el interés de los Wachowski iba por mantener la ligereza narrativa de la serie animada original, tendría que decirse que lo consiguieron: este debe ser uno de los guiones más planos y predecibles del año. Pero al mismo tiempo sería injusto descartar la película en base a sus diálogos simplones y sus personajes de cartón, porque lo que le falta en textura narrativa le sobra en despliegue visual.

Utilizando todos los trucos a su disposición, Meteoro mezcla actores reales con fondos digitales y a ratos el resultado es deslumbrante (sobre todo en las secuencias de acción). Los Wachoswki han facturado un producto tan estimulante para los ojos como predecible para el cerebro. Decir que la película tiene una estética publicitaria es quedarse corto, ya que a ratos el montaje es tan histérico y los colores tan brillantes que más bien parece una larga serie de cortinas de MTV.

Denunciando la codicia corporativa con tanta estridencia como liviandad, los hermanos lucen aquí menos solemnes, más predispuestos al humor tontorrón y al guiño pop. Meteoro es una gran cinta de matiné y el único reparo de fondo es que, luego de su mastodóntica trilogía, los Wachoswki entregan un filme de aparente rebeldía (el capitalismo es nefasto, el talento no puede ser controlado, etc) que podría leerse como una metáfora de sus propias carreras en Hollywood. Podría, de no ser porque Meteoro es, en su brillante y seductora forma y en su culto al héroe perfecto e insobornable, la clase de aparato de propaganda que décadas atrás filmara Leni Riefenstahl.

(Publicado originalmente en La Tercera, mayo 2008)

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