Quantum of Solace

A diferencia de la gran mayoría de las cintas de la saga Bond, Quantum of Solace se inicia apenas unos minutos después del final de Casino Royale (2006). Bond (Daniel Craig) maneja a gran velocidad escapando de una caravana de villanos, mientras carga en su maletero al hombre que podría decirle la verdad sobre la muerte y traición de su amada Vesper Lynd.

Por si una sola secuencia de acción inicial fuera poca, la cinta tiene al menos tres en su primer cuarto de hora. Hay explosiones, tiroteos, aviones en llamas, carreras de lancha y una persecución por los tejados directamente inspirada en El Ultimátum de Bourne.

Además hay suficiente aventura, paisajes exóticos y enfrentamientos como para satisfacer a cualquiera. Pero no tiene ni el peso dramático ni la astucia narrativa de Casino Royale, una de las mejores cintas de la serie y una gran película más allá de su género y su franquicia.

En el fondo ¿qué esperamos de un filme de James Bond? ¿El cinismo sicópata y misógino de la época de Sean Connery? ¿O, por ejemplo, el desdeño cosmopolita de Pierce Brosnan? La pregunta es legítima porque el problema aquí radica en el tono: el director Forster no se decide nunca entre el thriller puro y duro, firmemente anclado en el mundo real, o la fantasía desatada que la saga 007 abrazó en títulos como Moonraker u Octopussy.

El Bond que conocimos en los ’80 y hacia fines de los ’90 está muerto: en esta versión no hay demasiado humor, ni tecnología futurista, ni villanos bizarros ni –ojo- demasiado sexo. El Bond de Craig es poco más que un matón entrenado, con escasa empatía o don de gentes, que seduce sin pasión y que mata sin placer.

Alguien podría alegar que en este nuevo filme casi no queda nada de lo que diferenciara a Bond de otros héroes de acción en el pasado, y que su canibalización de tipos contemporáneos como Jack Bauer o Jason Bourne le ha quitado glamour o encanto.

Puede ser. Sin embargo, Casino Royale demostró que en esa opción había gran cine, y donde Quantum of Solace falla es en repetir esa rara alquimia de acción física, intriga adulta y emoción real. No es que sea un mal filme de género: es que su predecesor nos hizo confiar en que sería mucho más que eso.

(Publicado originalmente en La Tercera, 6 de noviembre del 2008)

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