Rabia (Oscar Cárdenas, Chile, 2008)

Camila estudió secretariado y está cesante hace un año. Usando el mismo traje asiste a una entrevista de trabajo en el centro. Luego a otra. Y a otra. Y a otra. Suena como un latazo de proporciones, pero lo cierto es que este breve y fulminante drama es exactamente lo contrario. Todo aquel que alguna vez haya postulado a un trabajo reconocerá los detalles: la humillación de los cuestionarios psicológicos, la forma en que los postulantes se relacionan entre ellos, su timidez, su angustia, su vergüenza.

Parece un documental –está grabado cámara en mano-, pero hay aquí un trabajo dedicado de guión y actuación y el resultado es finísimo. A excepción de una secuencia final que desvía el tono y huele a género, todo lo demás en Rabia está justo en el tono correcto. En tiempos donde la miseria extrema ha sido glamorizada por la moral Benneton-Unicef, tal vez la silenciosa desesperación de la clase media sea el nuevo infierno que nadie quiere ver. Gran cine.

(Publicado originalmente en La Tercera, abril 2008)

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