Rambo (2008)

Tus rodillas no soportan los saltos, así que olvídate de correr. Tienes artritis en tu cuello, depósitos de calcio en las articulaciones. Así que lo que vamos a trabajar es tu potencia para pegar golpes directos y poderosos. El viejo y querido trauma craneano”. La frase que uno de sus entrenadores le dice al héroe de Rocky Balboa (2006) parece haber sido tomada por Stallone como auto de fe a la hora de volver al ruedo como director en estos últimos años. Porque si esa cinta era un efectivo melodrama sin afeites ni sutilezas, Rambo es un producto de género que hace del golpe directo su religión.

Resulta que John Rambo (Stallone) ahora reside en la frontera de Birmania, retirado del mundo y viviendo de la caza de serpientes. Hasta que unos misioneros occidentales llegan pidiendo su ayuda para transportarlos al corazón de una zona de guerra. Al principio Rambo se niega, pero una de las chicas derrite su corazón y acepta el trabajo. Desde luego, los visitantes son capturados por un grupo de soldados particularmente crueles, y Rambo tendrá que volver a sus viejas costumbres.

Luego del primer filme de la saga (Rambo: First Blood, 1982) la saga del ex –combatiente de Vietnam se volvió desvergonzadamente una apología de la Norteamérica de Reagan, con sus misiones encubiertas, sus mini-guerras no oficiales y sus triunfos morales.

En Rambo toda preocupación geopolítica ha desaparecido. El guerrero ya no obedece a bandera o jerarquía alguna. Su única lealtad está en su privado sentido de lo correcto y es quizás ese detalle el que separa a la cinta de ser –como las anteriores- un artefacto protofascista: Rambo ya no defiende un estilo de vida, sino una simpatía personal.

Desde el punto de vista de quienes creen que el cine es una forma de arte que permite escudriñar los recovecos del alma humana, esta película es una pérdida de tiempo. Pero desde la perspectiva de la pura excitación audiovisual, desde la materia básica del cine (la acción, el movimiento, el ruido, el montaje) Rambo es la mejor pieza de entretenimiento que nos ha llegado desde El Ultimátum de Bourne. Es básica, es rápida y su retrato de la violencia física es tan explícito y gráfico que a ratos roza el porno y en otros directamente lo supera. En estos días donde incluso las películas de Bond son para todo espectador, eso debería valer como un punto a favor.

(Publicada originalmente en La Tercera, 3 de abril 2008).

Esta entrada fue publicada en Cine. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s