Santos

La buena noticia es que, al revés de la experiencia con otros cineastas latinos, este primer acercamiento de Nicolás López al formato de la coproducción se siente muy personal y nada mercenario. La mala noticia es que hablar de lo que sabes y lo que te importa no es garantía de que cuentes una buena historia.

Santos gira en torno a Salvador, un dibujante de historietas que junto a su amigo Arturo Antares vive un trauma de infancia que incluye padres muertos y poderes sobrenaturales.

Ya crecido, Santos –que habita una especie de Santiago futurista cruzado con Blade Runner– descubre que sus fantasías de dibujante son ecos de otra dimensión y que tanto él como Antares son metahumanos destinados a enfrentarse por el destino del universo.

La trama de Santos tiene suficiente delirio para despertar interés hasta en el espectador más curtido. Además, López se toma en serio el mundo creado y lo amuebla con toda clase de guiños al cómic y el cine de género.

Pero lo tenue de sus personajes y lo básico de la historia hacen que Santos pierda velocidad tras su primer tercio. Lo que es muy interesante, ya que es ahí cuando se inicia la parte del filme directamente inspirada por el mito del superhéroe.

Lo que viene antes (la secuencia de créditos ambientada en la infancia y el colapso de la empresa comiquera de Salvador) es un cruce mestizo en el mejor sentido de la palabra, tal como lo fueran los grandes momentos de Promedio Rojo, el debut de López como director.

En esa primera sección del filme hay un equilibrio entre la parodia y el homenaje que luego a López se le escapa de las manos. Además ahí está la escena más interesante de Santos: el momento en que Salvador ve cómo las copias de su historieta arden en una bodega e insulta a sus colaboradores, llamándoles sanguijuelas, basuras que se han colgado de él y su talento y que no merecen nada.

Ese momento de furia y genuino gran cine –que puede o no ser una autoconfesión o descargo del director-  flota solitario en un mar de imágenes a veces hermosas, a veces chillonas. Los efectos son dignos, hay chistes divertidos y la actriz luce hermosa (López filma a las mujeres cómo sólo puede hacerlo alguien que se ha pasado la vida admirándolas). Todas las piezas están en su lugar, pero Santos no cuaja, no tiene vuelo ni emoción. El esfuerzo de producción es meritorio, pero esto no es, ni de lejos, lo mejor que López puede hacer.

(Publicado originalmente en La Tercera, 18 de diciembre del 2008)

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