Sector 9

El escritor de historietas Dennis O’Neill decía que la ciencia-ficción, por oscura que fuera, siempre apostaba por la esperanza: escribir del futuro implica creer que habrá uno para nosotros.

Lo mejor de Sector 9 es que su historia puede ser siniestra y oscura, pero su mirada sobre ella está lejos de ser cínica. Esto no es Matrix y la fábula no está al servicio de un nihilismo trasnochado y adolescente.

Sector 9 cuenta la historia de una nave alienígena que queda varada en el cielo sobre Johannesburgo, Sudáfrica. Dentro de ella viajan miles de extraterrestres de aspecto insectoide, hambrientos y desvalidos. Son enviados a un campamento temporal, pero que pronto se convierte en una favela custodiada por mercenarios.

Nadie quiere a los extraterrestres. No son los seres de luz que muchos esperaban ni tienen poderes mágicos. Su único interés –para la Tierra- es la formidable tecnología que posee la nave, incluyendo armas que ningún humano puede usar.

Al menos hasta la aparición de Wikus, un funcionario de gobierno que se vuelve un mutante al ser expuesto al ADN extraterrestre. Perseguido por su propia raza, Wikus encontrará ayuda en uno de los mismos alienígenas que el día anterior trataba como alimañas.

Dividido entre un falso documental que narra el ‘caso Wikus’ y escenas de acción que cuentan lo que el resto de la humanidad nunca vio, Sector 9 es ciencia-ficción del mejor cuño. La metáfora del apartheid y los campos de exterminio es directa, pero tan detallada que pocas veces huele a prédica.

Más bien, se siente como una predicción: siempre hemos creído que los monstruos bajarán del cielo. Tal vez a la hora de la verdad, los monstruos seamos nosotros.

En una época donde la franja de Gaza y los comuneros mapuche son apenas pantallazos entre un comercial y una nota de farándula, Sector 9, con su ritmo sincopado, su tímido antihéroe y su espléndido uso de los efectos digitales, no parece tanto ficción como un reportaje en terreno de un mundo alternativo.

Es el primer largo del director. Es un debut sólido y no carece de humor. Un humor oscuro y feroz, como los chistes que los oprimidos hacen a costa de quienes les oprimen. En ese cruce entre la sátira a lo Michael Moore y el ojo clínico a lo Peter Watkins, Sector 9 saca algunos de sus mejores dividendos. Esta es ciencia-ficción para quienes odian el género. Esta es comedia para quienes ya no se ríen con nada.

(Publicado originalmente en La Tercera, 1 de octubre del 2009)

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