Watchmen

Alguien asesina a un hombre arrojándole desde un penthouse al vacío. El detalle es que el crimen ocurre en 1985 en una Norteamérica paralela, donde Richard Nixon sigue en la presidencia y donde la figura del superhéroe tiene un historial que se remonta a principios de siglo. Los antiguos compañeros del muerto saben que era parte de un grupo de justicieros enmascarados, lo que gatilla la duda de si acaso no será el inicio de una cacería contra ellos.

Usando como base una de las novelas gráficas más alabadas e influyentes de la historia del cómic en inglés, el director Snyder (300) ha producido aquí un dinosaurio maratónico y multicolor, que oscila entre el delirio kitsch y la ucronía “seria” a lo Blade Runner.

Es meritorio su esfuerzo por mantenerse fiel al original (hay varios guiños visuales que sólo se entienden si se conoce el libro) y el diseño de producción es impactante. Pero el ritmo es desigual, la conexión emotiva es nula y lo que despierta no es fascinación, sino apenas interés. ¿Por qué tanto amor al detalle y respeto por el género no han producido acá los resultados que se vieron, por ejemplo, en El Caballero de la Noche?

La pista puede estar en una diferencia clave entre el cómic y la adaptación: en la novela gráfica, muchos elementos –desde los disfraces hasta los nombres- estaban aludidos en tono irónico. En la cinta de Snyder todo es serio, operático y pomposo, hasta el punto de recordar más de una vez a la estética de los folletos religiosos.

El cómic original era un trabajo de demolición y como tal carecía de sentimentalismo y nostalgia. La película de Snyder exuda ambas cosas y eso le pone en las antípodas ideológicas de la novela gráfica: donde el cómic deconstruía mitos, Snyder hace todo lo posible por inventarlos en tiempo récord, divorciándose no sólo de su fuente sino también de cualquier conexión fructífera con el aquí y el ahora.

Watchmen cruza varios géneros, desde la ciencia-ficción hasta el drama familiar, pasando por la sátira, el drama bélico y la parábola apocalíptica. Tiene de todo, excepto buen gusto. Lo que es una lástima, porque el resultado expone a Snyder como lo que es: un artesano cuyos talentos no corren parejos con su ambición.

(Publicado originalmente en La Tercera, 5 de marzo del 2009)

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