Violeta se fue a los cielos

El filme del director de Machuca sobre la cantautora más importante de Chile no es la típica biografía ni tampoco otra rapsodia desatada sobre el dolor del artista incomprendido. Esto no es, por suerte, La Vida en Rosa. La Violeta Parra de esta cinta (magníficamente interpretada por Francisca Gavilán) es una mujer que sufre, que llora y que tiene el final trágico que todos conocemos, pero no es una víctima.

En su ir y venir entre el tiempo y el espacio, este retrato arma un personaje que consigue casi todo lo que desea: el oficio de los cantores, el aplauso de los mineros, el aprecio de la alta cultura parisina, el amor de un hombre más joven.

Pero la artista quiere más. Y en su afán puede ser egoísta, hosca, incluso cruel. Esa contradicción entre la ternura con que mira al país como grupo y las ideas fijas que la hacen perder de vista a sus más íntimos, Wood la filma de cerca, con una cercanía tibia inédita en su filmografía hasta ahora, una cercanía apenas presente en La Buena Vida y que se arriesga –para bien- al exceso y a lo ambiguo.

El relato salta entre épocas y lugares pero, si su fidelidad a los datos históricos podría discutirse, está fuera de duda su calidad como experiencia en pantalla. Esta bien puede ser la película más vistosa y ágil que haya estrenado su director.

Violeta obtiene casi todo y su tragedia es querer más, aspirar a un proyecto (la carpa de La Reina, “la universidad del folclore”) que sale del ámbito personal y atañe directamente al grupo. Su propio país. Fundar los límites de la república invisible que ella ha acarreado desde Chillán hasta París.

El personaje como territorio, el territorio como escenografía y la escenografía –la carpa- como tumba. Es simplemente adecuado que, en una historia donde vemos a Jesús revivir en el escenario para anunciar la próxima función, la muerte real ocurra en el límite opaco entre el arte, el oficio y la vida cotidiana.

Esta es la historia de una mujer que se instruye a sí misma en un arte que considera único y termina siendo una maestra sin alumnos. Casual o no, la imagen de Violeta Parra sola en su carpa en medio de los matorrales es también postal de un país donde la tradición se disuelve sin respetarse y donde los genios desaparecen sin encontrar a sus iguales.

 

(Publicado originalmente en La Tercera, 11 de agosto de 20011)

 

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Cine y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s