Enter the Void, de Gaspar Noé

No se engañen. Bajo los efectos de montaje, los juegos de luces y el obsesivo uso de la cámara subjetiva, esta película de Gaspar Noé vuelve a un recurso ya utilizado por cintas como Sunset Boulevard y Belleza Americana: el narrador muerto que presencia lo que sucede antes y después de su asesinato.

Un drogadicto es baleado en un bar de Tokio luego de discutir el famoso Libro de los Muertos tibetano con un amigo. Su alma recorre el tiempo y el espacio, lo que nos permite atisbar a su pasado y entender el lazo que le une con su hermana.

Enter the Void sigue la ruta trazada hace más de cuarenta años por el segmento final de 2001: Odisea del Espacio. El periplo de la conciencia es la excusa para que Noé y su equipo técnico jueguen con infinitas variantes de color, movimiento y sonido. En ese suntuoso y agotador ejercicio del cine como arte exploratorio de lo que percibe la mente fuera del cuerpo está el mayor mérito de la película.

Pero Noé comete el mismo error que hiciera un latazo de Irreversible (2002): su experimento formal está protagonizado por personajes que nunca llegan a importarnos. Lo que queda es el envoltorio, el truco y la pirotecnia. Impacto sensorial no es lo mismo que gran cine.

Publicado originalmente en La Tercera, 5 de enero 2012.

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