Hugo (La invención de Hugo Cabret)

A veces los excesos del marketing pueden esclarecer los contornos del objeto que publicitan. Este nuevo filme de Martin Scorsese ha sido promocionado como la primera cinta familiar de su carrera. Lo que es muy curioso, ya que Scorsese ha dirigido películas definitivas y memorables sobre los lazos sanguíneos (Alicia Ya No Vive Aquí, Buenos Muchachos). Películas sobre familias colapsadas o infrahumanas, pero familias al fin y al cabo.

¿En qué sentido entonces Hugo es su “primera cinta familiar”? En el sentido que le importa al negocio: Familiar como algo que es digerible para niños pequeños, pero además como algo que ya se ha visto muchas veces antes. Hugo es una historia de época, ambientada en una estación de trenes en el París de los años ’30. El protagonista es un niño huérfano, que se mueve entre las paredes del edificio, dando cuerda a los relojes y analizando el mecanismo estropeado del autómata que su padre murió reparando.

La manera en que los pasos del niño se cruzan con la historia de los orígenes del cine (y con una figura capital de esa época) tiene mucho de casualidad, realismo mágico y siutiquería disfrazada con los ropajes del buen gusto. Propulsado por el músculo visual del 3-D y una paleta de colores digna de Los Diez Mandamientos, Scorsese entrega acá una película infantil que no sólo es anticuada en su anécdota, sino también en su moral y su mensaje.

Hugo no es –ni de lejos- una obra maestra. Hugo es Cinema Paradiso en esteroides. Su visión del cine como un arte amable, juguetón e inofensivo sólo puede entenderse como un desesperado deseo de Scorsese por resucitar un mundo muerto y enterrado. La leyenda es que los hermanos Lumiére rehusaron venderle una cámara a Mélies alegando que el cine era sólo un entretenimiento de feria. Lo triste es que Hugo les da la razón. Detrás del boato digital y las citas culteranas y populares que Scorsese lanza al espectador como pan a los mendigos, subyace la idea del cine como un arte que se disfruta sin pensar. No reflexione, sólo consuma. Se entiende que la Academia haya caído rendida ante esta declaración de amor a la industria.

 

(Publicado originalmente en La Tercera, 9 de febrero 2012)

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Cine y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s