El cine de Fatih Akin: Pasajeros en trance

Soul Kitchen (2009)

 (Publicado originalmente en La Tercera, agosto 2010)

Un ciclo en la Cineteca Nacional desde el 11 de enero nos da la oportunidad de conocer a fondo a uno de los directores más singulares del cine mundial. Un artista que no habla de certezas, sino de señales de ruta.

 

 

  1. El territorio como biografía.

 

El cineasta Fatih Akin (37 años) nació y se crió en Alemania, pero sus padres son de origen turco y muchos de los barrios que frecuentó de niño estaban marcados por la influencia de países muy lejanos de la tierra de Herzog y Fassbinder. Akin, como ha dicho en varias entrevistas, aprendió alemán por obligación y el resto de los idiomas por diversión. Es un dato revelador que, en la mayoría de sus películas, los personajes hablan alemán cuando hay diferentes nacionalidades en la escena, y turco cuando la situación se vuelve de veras íntima y urgente.

 

 

  1. Ser extranjero.

 

El cine de Akin, desde Solino (2002) hasta Soul Kitchen (2009), gira en torno a la no pertenencia. La idea de ser inmigrante, invisible no sólo para los locales sino para uno mismo. Sus protagonistas no sólo ignoran cómo asimilarse a la cultura europea donde crecen: tampoco saben relacionarse con la herencia que sus padres o mayores intentan inculcarles. En El Otro Lado (2007), una de sus películas más bellas, Oriente y Occidente se cruzan en las cabezas de quienes transitan desde Hamburgo a Estambul, desde la vieja cultura hacia el mundo sin amarras del puerto. Todos los personajes de Akin –incluso aquellos que viven en el corazón de sus familias- son huérfanos. De tierra, identidad e idioma.

 

 

  1. La distancia

 

Un personaje de Akin puede tener lazos de sangre con otro. Puede vivir con él. O a centímetros de su puerta. Y aún así, puede pasar toda su existencia sin notarle, sin hacer contacto. Y, en cambio, familias separadas por países e idiomas pueden reunirse (como en El Otro Lado) o destruirse para siempre (Contra la Pared) a partir de un boleto de avión o un correo electrónico. “Sigo echando de menos tu piel”, le dice el cocinero de Soul Kitchen a su novia en China cuando hablan por videoconferencia. La tecnología no altera una verdad profunda, la clase de verdad que sólo entiende un inmigrante o un viajero: la soledad no se resuelve con banda ancha.

 

  1. El cariño

 

No importa la clase de pellejerías que la gente viva en las películas de Fatih Akin o cuán precarias sean sus existencias. El cariño se abre paso. A diferencia de otros directores actuales (como Haneke o los Dardenne) consagrados a retratar la tierra baldía que dejan los afectos cuando se mueren, Akin siempre termina filmando el nacimiento de la amistad o el amor. Gente sufre, se pierde o muere en nombre del lazo afectivo que establecen con personas que tal vez ni siquiera hubieran debido conocer. En los filmes de Akin, el encuentro de dos seres humanos ya es drama suficiente –o milagro necesario- para justificar una película completa.

 

  1. El sentimiento de lo portátil

 

Cuando la protagonista de Contra la Pared por fin reconoce su amor hacia el tipo miserable y perdido con el que debió casarse para huir de su familia, le cocina un festín propio de sus ancestros. En ese momento, donde celebra la liberación de su herencia, recurre justamente a ella para mostrar su cariño. Comida, música e idioma son las tres claves recurrentes de todos los filmes de Akin. Una receta, una melodía o una palabra son conocimiento portátil, la clase de tesoros que un inmigrante o un extranjero en perpetua fuga pueden cargar a través de la frontera. Cuando el suelo es inestable bajo tus pies, la memoria que cargas en tu cabeza es la única riqueza que tienes para ofrecer a los que te importan.

 

  1. El movimiento

 

Los filmes de Akin son curiosamente dinámicos para tratarse de historias donde no abundan las explosiones o escenas de acción física. Ese dinamismo surge de un aire hiperkinético casi subterráneo: los personajes están en perpetuo movimiento, ya sea geográfico o emocional. Relaciones que parecían eternas se evaporan y alguien que jamás se movió de su ciudad de pronto cruza el mundo para ir tras una hija perdida. A veces el movimiento lleva a la felicidad. Otras veces, gatilla la tragedia. En Crossing the Bridge (2005), su espléndido documental sobre la escena musical pop de Estambul, Akin filma a un músico callejero que resume su credo como cineasta: “En la calle somos todos iguales. Todos tienen que mezclarse con todos. Por eso es tan interesante. Porque en ella las cosas nunca dejan de moverse”.

 

  1. La marca del maestro

 

Akin ha reconocido al alemán Rainer Werner Fassbinder como una influencia notoria. Pero es más que eso. Donde el director berlinés recogió el mundo de los inmigrantes en su propio país para producir obras maestras como Fear Eats the Soul (1974), Akin ha usado el cine para dar cuenta del cruce, a veces fructífero, a veces cruel, entre nativos y extranjeros. Pero más aún, lo ha usado para sugerir que –a diferencia de Fassbinder- la verdadera lucha no es entre clases ni sexos, sino entre geografía y anhelo, entre raza y sentimiento. En sus películas, la gente se quiere y eso no basta. Sobre tal idea, ha construido una de las filmografías más dinámicas, atractivas y urgentes de esta época.

 

 

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Una respuesta a El cine de Fatih Akin: Pasajeros en trance

  1. Lucía dijo:

    Me gusta mucho esta síntesis de las películas de Akin y cómo está dicho. Soy uruguaya, he visto hasta ahora solamente dos de sus películas: Contra la pared y Cruzando el puente, y me bastan para coincidir en gran parte con lo que decís. Hermosas películas, sensibles, emotivas, movilizadoras. (Planeo ver las demás en cuanto sea posible). Además, el documental sobre la música me provocó tanta inquietud que me voy a Turquía a buscar esas raíces volcánicas que despertaron en mí las fibras gitanas que mis antecesores no pueden reconocer. Hay algo de todo eso en mí y ahí voy.
    Quiero contactar al director para que me recomiende dónde ir en Istanbul, ¿sabés cómo puedo hacerlo? Espero que sí!!
    Gracias, saludos,
    Lucía

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