Piratas, Una Loca Aventura

Los estudios ingleses Aardman, responsables de hitos de la animación stop-motion como Wallace & Gromit o Pollitos en Fuga, han vuelto a nuestros cines y la ocasión es motivo de aplauso. Peter Lord –uno de los fundadores  originales- comparte crédito como director con Jeff Newitt, quien hasta ahora sólo había colaborado como animador secundario en proyectos previos de los estudios.

El antecedente no es menor:  al igual que los filmes animados de Pixar, los cortos y largometrajes de Aardman son fruto de un extenso trabajo en equipo. El stop-motion, ya de por sí un proceso laborioso y delicado, se suma acá a una lógica artesanal más cercana a la comedia muda que al típico producto industrial.

La historia es un cruce del clásico relato de bucaneros con las ficciones metaliterarias de escritores  como Alan Moore o Anthony Burgess.  Un capitán pirata de ineptitud legendaria sueña con ganar el premio al Pirata del Año. Su esperanza surge cuando conoce a un joven Charles Darwin, quien le informa que su loro regalón es en verdad el último dodo que pisa la Tierra.

La forma en que los piratas terminan desembarcando en Londres, conociendo a la Reina y viviendo una serie de aventuras que se devoran unas a otras es digna de un libreto de Raúl Ruiz. De hecho, más que remitirse a títulos contemporáneos como Los Piratas del Caribe, su estructura trae a la memoria el clásico relato El Manuscrito Encontrado en Zaragoza, con su idea de una peripecia que nunca deja de mutar y moverse.

Despojada del cinismo post-Disney de Shrek o Kung Fu Panda, la película es una pieza de virtuosismo al servicio de ideas muy primarias. En su desbocada imaginación, en su amor por el color y el movimiento, sus pares hay que buscarlos no en el cine actual, sino en los primeros cortos de Looney Tunes o en el Porco Rosso de Miyazaki.

Para los científicos de la Real Academia de Ciencias, el dodo del capitán es  una maravilla que jamás habían visto, pero que reconocen al instante. Algo así transmite esta película: la emoción de hacerte recordar una infancia que nunca tuviste.

(Publicado originalmente en La Tercera, 19 de abril 2012)

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