Estaba aquí para que lo matáramos nosotros, los mexicanos (fragmento)

II

 

-El Gringo viejo vino a México a morirse.

 

El coronel Frutos García ordenó que rodearan el montículo de linternas y se pusieran a escarbar recio. Los soldados de tono desnudo y nucas sudorosas agarraron las palas y las clavaron en el mezquital.

 

 

Gringo viejo: así le dijeron al hombre aquel que el coronel recordaba ahora mientras el niño Pedro miraba intensamente a los hombres trabajando en la noche del desierto: el niño vio de nuevo una pistola cruzándose en el aire con un peso de plata.

 

 

-Por puro accidente nos encontramos aquella mañana en Chihuahua y aunque él no lo dijo, todos entendimos que estaba aquí para que lo matáramos nosotros, los mexicanos. A eso vino. Por eso cruzó la frontera, en aquellas épocas en que muy pocos nos apartábamos del lugar de nuestro nacimiento.

 

 

Las paletadas de tierra eran nubes rojas extraviadas de la altura: demasiado cerca del suelo y la luz de las linternas.-Ellos, los gringos, sí -dijo el coronel Frutos García-, se pasaron la vida cruzando fronteras, las suyas y las ajenas -y ahora el viejo la había cruzado hacia el sur porque ya no tenía fronteras que cruzar en su propio país.

 

 

-Cuidadito.

 

 

(“¿Y la frontera de aquí adentro?”, había dicho la gringa tocándose la cabeza. “¿Y la frontera de acá adentro?”, había dicho el general Arroyo tocándose el corazón. “Hay una frontera que sólo nos atrevemos a cruzar de noche -había dicho el gringo viejo-: la frontera de nuestras diferencias con los demás, de nuestros combates con nosotros mismos.”)

 

 

-El gringo viejo se murió en México. Nomás porque cruzó la frontera. ¿No era ésa razón de sobra?-dijo el coronel Frutos García.

 

 

-¿Recuerdan cómo se ponía si se cortaba la cara al rasurarse? -dijo Inocencio Mansalvo con sus angostos ojos verdes.

 

 

-O el miedo que le tenía a los perros rabiosos -añadió el coronel.

 

 

-No, no es cierto, era valiente -dijo el niño Pedro.

 

 

-Pues para mí que era un santo -se rió la Garduña.

 

 

-No, simplemente quería ser recordado siempre como fue -dijo Harriet Winslow.

 

 

Fragmento capítulo 2 de Gringo Viejo, de Carlos Fuentes.

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