Valiente

Desde 2006, los estudios Disney son dueños de Pixar. Esa operación comercial, una de las más ambiciosas de nuestros tiempos, ha creado una interesante alianza: el imperio clásico unido a la pandilla de programadores y artistas que ha producido filmes animados tan innovadores como Wall-E y Buscando a Nemo.

El equilibrio de esa alianza es el verdadero drama de Valiente, el nuevo largometraje de la factoría.  Aquí hay una historia –bastante corriente- pero lo que en realidad cautiva es presenciar cómo Pixar y Disney se repelen uno al otro.

Tomemos a Mérida, la princesa de la Irlanda medieval que es la protagonista (aparente) del guión. Amante de los espacios libres, las carreras y el tiro al arco, Mérida aborrece el rol de niña refinada que su madre intenta imponerle. Tanto lo aborrece, de hecho, que llega a comprar un poderoso hechizo a una bruja del bosque para escapar de su destino.

El hechizo tiene consecuencias y eso gatilla una peripecia que está deslumbrantemente animada, pero que huele a cosa vieja. Es la clase de peripecia que conocemos de clásicos como Blancanieves y La Sirenita, porque Valiente en el fondo es la primera película Disney hecha con la artesanía de los estudios Pixar.  En vez de poner de cabeza un viejo cliché –como lo hicieron en Ratatouille, donde el ratón, en vez de ser la comparsa del humano era derechamente el protagonista- aquí los creativos de Pixar tan sólo se han remitido a decorar y embellecer un objeto de colección.

Mérida sueña con la libertad, es cierto, pero con la libertad de portarse de forma tan bruta y despreocupada como los guerreros a los que desprecia. Su rebeldía no tiene sustancia ni emoción, puesto que está más cercana a la pataleta que al desafío.  Y eso sucede porque,  a pesar de todo el cuidado que se ha puesto en el diseño visual del personaje, Mérida no es la auténtica heroína de Valiente.

La verdadera protagonista de esta historia sobre control y tradición es la reina madre. Ella es quien tiene la evolución emotiva más cercana al mundo real. Son sus valores los que son puestos a prueba y es el único personaje que –al final- ha hecho un viaje que lo impulsa hacia el futuro y el cambio, las dos grandes obsesiones del cine de Pixar. Como entretenimiento infantil producido por Disney, Valiente cumple en buen pie. Más aún, al lado de horrores como La Princesa y el Sapo, es de lo mejor que el estudio haya estrenado en décadas. Pero su mérito es reproducir una efectiva fórmula del pasado, no inventar algo nunca visto.

Algo de eso hay en la secuencia de la bruja del bosque. No sólo por la serie de gags diseñados a partir de los poderes de la hechicera, sino también porque el personaje es  un homenaje directo a la Yubaba de El Viaje  de Chihiro (2001), la obra maestra de Miyazaki. Esa sola escena vale más que todo el resto de la película. Como si, entre tanto chiste anticuado, los verdaderos innovadores necesitaran darse la mano y sugerir que esto no es una rendición a la industria, sino un recodo en el largo viaje a un mundo nuevo.

(Publicado originalmente en La Tercera, 12 de julio de 2012)

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