Paseo de Oficina

Los empleados de una empresa chilena viajan a una parcela para el tradicional paseo de todos los años. Pero el negocio ha sido adquirido por una multinacional y el típico asado con pichanga y piscina ahora lo reemplazaron con una serie de dinámicas y juegos de alianzas de esos que tanto le gustan a los gerentes.

Todo esto es territorio muy fértil para la sátira y el humor negro, pero la ruta que el director Roberto Artiagoitía (Radio Corazón, Grado 3) elige navega más bien por el arroyuelo de la comedia amable y sin consecuencias. Los horrores del paseo en el fondo no son tan terribles, el representante de la multinacional no es tan caníbal, la situación no es tan desesperada, al final todo se puede resolver con un poco de maña y picardía chilensis.

Lástima, porque hay un factor en la mirada que la película tiene sobre sus personajes donde había bastante material para la ironía: pocos grupos humanos han sido retratados con más desprecio en el cine nacional que los trabajadores de esta empresa, dibujados todos a partir de sus peores defectos. A excepción del jefe de personal que interpreta Gnecco, los funcionarios de Almacenes Océano son borrachines, pelotudos, ignorantes, flojos e ineptos incluso en la emergencia. Desde el galán hiphopero que sólo piensa en el sexo hasta el viejo carcamal que lanza consignas de la izquierda más rancia, la invitación aquí es a reírse no del sistema que los humilla con una sesión de adoctrinamiento disfrazada de asueto, sino de ellos mismos, pobres ejemplos de la carne de cañón que sus empleadores apenas registran.

Sin embargo, la película pretende que esquivemos lo obvio –el odio que le tiene a sus criaturas- y celebremos la historia desde la identificación y la buena onda. Paseo de Oficina tiene elementos de drama (sin duda hay en su centro el germen de una tragedia) pero su tono general es de comedia. Como tal, no sólo es aburrida. Además es boba e inofensiva a grados tales que la única referencia cercana que se me ocurre es El Gran Circo Chamorro (1955), ese ejemplo clásico de lo que produce el cine chileno cuando confunde entretención con caricatura.

 

(Publicado originalmente en La Tercera, 8 de octubre de 2012)

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