Plan de gobierno

Hay una escena que está en el corazón de muchas ficciones gringas pero que nunca he visto bien filmada o narrada: el presidente recién electo llega a una sala en un búnker secreto. Están los generales, los expertos financieros, los directivos veteranos del estado. Le muestran los gráficos. Las fotos. Los números reales sobre economía, poder militar, educación, bienestar. El presidente recién electo suda, la habitación le da vueltas. Le tiemblan las piernas. Dos agentes del Servicio Secreto le sujetan de los hombros para que pueda seguir en pie hasta que termine la sesión. Vomita. En una caseta de baño custodiada por soldados armados, se cambia la camisa y la corbata sucias por el vómito. Le sacan en helicóptero y le sedan para que duerma 48 horas. Sólo al despertar de ese sueño sedado -y sólo entonces- comienza de verdad su gobierno. Estoy seguro que ese protocolo existe.

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