Magic Mike, de Steven Soderbergh

Como otros estrenos de la temporada, (El Lado Bueno de las Cosas, El Vuelo) esta película se ambienta en un Estados Unidos donde la crisis económica parece ya no ser una etapa, sino un elemento estable del paisaje. En Magic Mike todos tienen dos trabajos, la gente duerme en el sofá de sus parientes sin que nadie pregunte nada y tomarte una Coca-Cola extra del refrigerador puede hacer que te despidan.

 
Mike (Channing Tatum) es la estrella de un club de strippers masculinos de Tampa. Sabe cómo seducir a las damas, cómo lidiar con el dueño del local (Matthew McConaughey en una de las actuaciones de su vida) e incluso tiene tiempo para adoptar a un chico que resulta ser un talento en bruto. Soderbergh podría haber aprovechado el ángulo sórdido de la historia e incluso usar el tema del juego sexual pagado como una metáfora del país al estilo Boogie Nights. Pero lo que hace tiene la simpleza del maestro que ya no necesita probarnos nada.

 
Magic Mike es una historia basada en la observación del proceso tras bambalinas. Es una fábula de espectáculo donde el show parodia o refleja la vida fuera del escenario, como lo hiciera Cabaret, de Bob Fosse. Sin embargo, también es un filme grácil, movedizo, veraniego y relajado. El daño que el concepto de “impacto sensorial” le ha hecho al cine de Hollywood es terrible, porque ha dejado poco espacio para apreciar trabajos de modulación y sutileza como el que ofrece esta película.

 
Y lo hermoso es que esos juegos de luz, sonido y montaje están al servicio no del shock, sino de la agilidad y la fluidez. Magic Mike dura 110 minutos que se pasan volando, entre los cuales hay al menos dos o tres grandes secuencias dignas del mejor cine norteamericano de los ’70. Y Soderbergh, que no es tonto, sabe que su película revive la atmósfera de esos años: la resaca descreída post-Watergate, justo antes del auge del blockbuster familiar.

 

Ningún otro cineasta norteamericano actual consigue momentos como la quieta mirada que Brooke (Cody Horn) le echa a Mike durante su acto o el número con el que McConaughey se despide del escenario cual personaje de Wagner. Grandes momentos. Gran cine.

 

(Publicado originalmente en La Tercera, 7 de febrero 2013)

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