Cosmópolis: La burbuja del capital

Al igual que el protagonista de su último filme, el director Cronenberg está lleno de ideas, pero ninguna de ellas le sirve para encontrar un rumbo. Esta adaptación de una novela de Don DeLillo ambientada casi por entero dentro de la limosina de un joven millonario neoyorquino tiene montones de ideas, pero ningún plan.

Hay ideas en los diálogos –artificiosos a conciencia y, al parecer, tomados directamente del libro-, hay ideas en la puesta en escena e incluso hay abundancia de ideas en la música de Howard Shore. Pero ninguna de ellas cristaliza en un concepto cinematográfico o en algo más que una formidable inspiración para buscar y leer la novela. Fábula apocalíptica, sátira sobre el capitalismo y viaje del héroe hacia el fondo de la noche: Cosmópolis intenta varias rutas y las abandona todas. Lo que queda es la habitual precisión visual y el pesimismo del director sobre la sociedad. El guión enuncia la necesidad de la violencia bruta como la única respuesta a la violencia conceptual del sistema de clases, lo que es un concepto muy noble. Pero ni Cronenberg ni su esforzado elenco logran despegarlo del simple reino de las ideas.  Cita obligada para cinéfilos, es probable que este sea el filme más distante y extremo del director desde Videodrome, su profético alegato contra la fascinación tecnológica.

 

(Publicado en La Tercera, 20 de junio del 2013)

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