Guerra Mundial Z

Un virus desconocido convierte a millones de personas en zombies rabiosos. Un investigador de la ONU (Brad Pitt) debe rastrear el origen de la peste, no sólo para salvar al mundo, sino además para garantizar la sobrevivencia de su propia familia.

La historia recuerda la estructura de un videojuego y, de hecho, la mayor parte de la película gira en torno a secuencias de acción en distintos puntos del globo (algunas bastante espectaculares), que Pitt sortea con más o menos ingenio.

Los zombies son a esta época lo que el asesino serial fue a los años ’80. Aluden a un trauma latente, que puede ser el caos de economías en picada, el colapso ecológico o la inestabilidad de un sistema global cada vez más interconectado. Acá están usados sin mucha poesía, pero con bastante ritmo. Como Star Trek: En la Oscuridad, Guerra Mundial Z es una superproducción cuyo veloz montaje hace olvidar sus enormes forados lógicos, al menos mientras dura la proyección. Su único gran problema resulta ser, paradójicamente, su actor principal: Brad Pitt puede interpretar al galán, al psicópata y al chico lindo de comedia. Por alguna razón, no funciona como héroe de acción o liderando un drama a gran escala. Uno no puede sino imaginar el peso que habrían agregado a este personaje tipos como Russell Crowe o Christian Bale y, de hecho, es irónico que una figura secundaria y casi sin diálogos (la soldado israelí interpretada por la carismática Daniella Kertesz) resulte muchísimo más interesante de seguir.

A la luz de Contagio, un estreno del año pasado que daba un frío y adulto retrato del colapso que provocaría un virus global, hay que decir que en esta historia sobran explosiones y multitudes y faltan sutilezas: como 2012 y Soy Leyenda, Guerra Mundial Z es otro megadrama apocalíptico que sacrifica su potencial en aras de un resultado amistoso para casi toda la familia. De hecho, más inverosímil que una epidemia zombie capaz de arrasar medio planeta es la idea de que en tamaña emergencia una organización de tan poco peso específico como la ONU sería capaz de mantener el liderazgo. O incluso algún tipo de jerarquía.

 

(Publicado originalmente en La Tercera, 27 junio de 2013)

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