Jobs

Conozco mucha gente que no tiene un iPod. Pero no conozco a nadie que no quisiera tener un iPod, de poder costearlo. La influencia de los productos Apple desbordó hace años el ámbito de la tecnología: es parte de la cultura popular en una manera que tiene elementos tan fascinantes como ominosos. Por eso no deja de llamar la atención que esta biografía sobre el hombre clave de la empresa, el fallecido Steve Jobs, sea tan plana. Es irónico que un filme que pretende ser el retrato de un iconoclasta siempre listo a desafiar las estructuras sea a su vez un drama biográfico de formato tan predecible.

Tenemos los años mozos, el trauma familiar aludido, el vástago perdido o negado –en este caso, una hija-, los primeros esfuerzos por hacer realidad el sueño, etc, etc. A pesar de contar la vida de un empresario, Jobs tiene la armazón de las biografías de artistas, lo que no sería un defecto salvo por el hecho de que su insistencia en presentar a Jobs como un creador deja de lado que su creación es un imperio industrial.

Lo que aleja a Jobs de Apple (su famoso exilio desde 1985 hasta 1996) no tiene que ver con asuntos de principios sino de control sobre la compañía y sus productos. Razonable desde el ámbito de los negocios, pero la película presenta el conflicto de una manera tan idealizada que al ver a Jobs de regreso a la marca en los ’90 uno se pregunta por qué el tipo decide volver tan alegremente al sitio donde le corrieron a patadas.

Preguntas similares a esa eran expuestas y analizadas en Tucker, El Hombre y su Sueño (1988), la obra maestra de Coppola sobre el empresario que cambió la industria automotriz en Norteamérica. Coppola entendía que la figura del emprendedor está a medio camino entre el profeta y el hombre de negocios y que esa contradicción era una de las claves para entender su propio país.

Jobs no llega tan lejos. Es una visión amable, conciliadora y profundamente acrítica de un hombre complejo. Lo vemos portarse como un canalla, pero no hay sentido ni consecuencia en sus actos.  Mark Zuckerberg –quien cambió el mundo del consumo de una forma bastante más modesta que Jobs- fue descrito en Red Social (2010) con grados de sutileza y ambigüedad que por aquí ni se asoman.

 

(Publicado originalmente en La Tercera, 5 de diciembre 2013)

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