Hijo de Dios

Los productores de este nuevo acercamiento a la figura de uno de los grandes personajes de la cultura occidental estaban también detrás de la miniserie La Biblia, de History Channel, la producción del 2013 cuyo éxito sorprendió a toda la industria. El dato no es menor, porque Hijo de Dios está presentado como un spin-off, un producto derivado de la miniserie y no exactamente como una película autónoma. Desde luego, funciona sin haber visto La Biblia. Pero es en ese contexto que su mensaje y moral cobra todo el sentido.

Ese sentido aparece prístino en cuanto el filme ofrece sobre la figura del personaje una lectura muy específica y muy anticuada, al menos en términos cinematográficos. Después del Jesús torturado de La Ultima Tentación de Cristo, del proto-hippie de Rey de Reyes e incluso cincuenta años después del Redentor campesino y humilde de El Evangelio Según San Mateo, el Pescador de Hombres de esta película luce como una maqueta de cartón al nivel del peor cine mudo.

Hijo de Dios, queda muy claro a poco andar el metraje, es una herramienta audiovisual para predicar a los conversos. Lo precario de sus recursos y la ingenuidad de la mayoría de sus escenas son coherentes con el material porque sus objetivos artísticos están incluso por debajo de los que tuviera Mel Gibson en su sanguinaria La Pasión de Cristo. El filme está hecho para traernos las Buenas Nuevas, producido con el entusiasmo despojado de autocrítica que podría encontrarse en uno de esos folletos ilustrados que imaginan el cielo poblado de ángeles tras el Apocalipsis.

¿Por qué Judas es un pecador? ¿Por qué los fariseos temían a Jesús? ¿Por qué el sujeto debería ser un ejemplo a seguir? La película toca brevemente estas preguntas para luego seguir adelante. Sin dudar. Sin jamás salirse del sermón. Y es asombrosa la comparación con Noé, el otro filme bíblico de la temporada, que pierde el control desde la vereda opuesta, la de la reinvención, la modernidad y la duda.

Es probable que a la luz de la fe, Hijo de Dios sea un gran triunfo. Desde luego, es extremadamente fiel a una antigua mirada sobre Jesús y su relevancia histórica. Pero esa misma fidelidad la despoja de cualquier interés para nadie que no sea un creyente.

 

(Publicado originalmente en La Tercera, 10 de abril 2014).

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