Relatos salvajes

Hay que escarbar muy atrás, hasta la legendaria y olvidada Los monstruos (1963) de Dino Risi, para encontrar un filme de episodios que pulse las teclas de ferocidad, humor negro y asco social que se cuelan en las seis historias de la nueva película del argentino Szifrón. Creador de la serie Los simuladores (2002) y director de la divertida Tiempo de valientes (2005), el sujeto acá escribe y dirige un conjunto de postales trasandinas (algunas como la inicial un breve sketch, otras casi con la extensión de un episodio de sitcom) que van hundiendo el dedo en la vieja herida que ya estaba abierta en la época en que Osvaldo Soriano escribiera Una sombra ya pronto serás.

Y la herida es la de siempre, la que ha sido desde que el Estado traicionara al gaucho Martín Fierro: Argentina está en ruinas. En el fondo del hoyo. Puede ser el paisaje árido y desierto que atraviesa Leonardo Sbaraglia en su elegante auto en el tercer episodio o puede ser la urbe descalabrada y gris que le toca habitar al ingeniero que interpreta Ricardo Darín. Incluso puede ser –en el segundo mejor episodio del lote- una fuente de soda perdida en la noche donde a una garzona le toca atender al hombre que arruinó su vida. No importa: la destrucción en todas sus facetas es total. Y el recuerdo del clásico de Dino Risi no es gratuito, porque este –como otros filmes argentinos desde Nueve Reinas hasta las viejas comedias de Porcel- bebe de esa sanguinaria vertiente de la ficción italiana que concibe al Estado como una mafia, a la población como un rebaño y al país como una farsa.

Por eso el mejor episodio es el penúltimo, aquel donde un viejo de clase alta discurre junto a su abogado una estrategia de coimas y mentiras que engloba no solamente lo peor de la especie humana sino también lo peor de las instituciones. Relatos salvajes no tiene grandes artificios narrativos ni exhibe un estilo que llame la atención sobre sí mismo. Es una película abocada a contar sus historias de brutalidad, egoísmo y venganza con precisión y sin aspaviento, porque es tarde y el bar está cerrando, porque es tarde y afuera hace frío, los policías van a cobrar su parte, la ciudad está ardiendo y ya no pasan taxis. Es doloroso confesar que uno se rió a carcajadas con Relatos salvajes: significa reconocer que la miseria humana que Szifrón ambienta dentro de las fronteras de Argentina también vive y prospera dentro de Chile.

 

(Publicado originalmente en La Tercera, 21 agosto 2014)

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Una respuesta a Relatos salvajes

  1. las relaciones con otras obras me parecieron muy interesantes. buena la crítica.

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