El código enigma (The imitation game)

Alan Turing fue un matemático inglés que tiene un lugar de privilegio en la historia del siglo XX por dos razones. La primera, su participación en el grupo de científicos que lucharon por descifrar los códigos de comunicación militar alemana durante la Segunda Guerra Mundial. Y la segunda es su gigantesco aporte al germen de lo que hoy día conocemos como inteligencia artificial. Turing imaginó la existencia de las computadoras hace más de sesenta años y –en el curso de su trabajo de guerra- desarrolló un prototipo de máquina criptoanalítica que fue clave en el triunfo sobre los nazis.

Esta figura fascinante es el centro de El código enigma, un drama biográfico que es tan correcto como intrascendente. Ya es costumbre en el cine ver películas corrientes sobre personajes excepcionales y este filme no se aparta de la regla. Más allá de la reconstrucción de época, del buen nivel de las actuaciones y del suspenso que se logra construir a partir de mucho diálogo y poca acción física, el guión trabaja a partir de un cliché muy antiguo: el genio excéntrico que de forma lenta pero segura gana el respeto de sus colegas.

Sin embargo, hay un dato no menor apenas aludido por ese cliché y es que Alan Turing era gay, en una época y en un país donde esa condición era delito penado con cárcel. Ese aspecto de la vida de Turing es tocado por el filme con mucho tacto y poco coraje porque la idea final que nos presentan aquí –la terrible idea final- es que deberíamos admirar a Turing a pesar de su homosexualidad. Como si fuera un pecado. Como si fuera algo de lo que un ser humano debiera avergonzarse. Es entendible que las retrógradas leyes de la Inglaterra de los ’40 vieran a Turing como un desviado. Es menos entendible que una película producida el 2014 nos diga que la vida privada de un hombre deba ser “perdonada” en aras de sus gigantescos logros profesionales. En 1993, el drama Filadelfia nos dijo que el personaje gay interpretado por Tom Hanks merecía nuestro respeto porque era un abogado de lujo, no porque fuera un igual. Han pasado más de veinte años desde esa película y el discurso sigue siendo el mismo. Esto no es progreso.

(Publicado originalmente en La Tercera, 29 de enero 2015)

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Cine y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s