Algunas notas sueltas y muy atrasadas sobre las películas del 2014

Este es el último recuento anual que publico en el blog por una razón muy sencilla: dejé de encontrarle gracia al trabajo de ver todos los títulos que llegan a cines en Chile. Hay demasiado poco material (o mucho sin valor alguno). Y comparado con las toneladas de películas disponibles en DVD, Blu-Ray o en descargas digitales de distinto pelaje, concentrarse en los méritos de la cartelera de cine en Chile es como ir a comprar verduras a un Líder teniendo la Vega Central al lado.

También en buena medida es culpa de las series. Media hora dentro de El Lobo de Wall Street ya detestaba la idea de tener que repetírmela para el recuento anual. Y cuando llegó la hora, le apliqué un breve cuestionario de tres preguntas:

-¿Tiene esta mierda pinchada en un palo una imagen tan hermosa como el fabricante de metanfetamina paseándose a campo abierto con un machete en True Detective? No.

-¿Tiene un diálogo tan bueno como el que tienen El Perro con Brienne al final de la cuarta temporada de Juego de Tronos? No.

-¿Tiene alguno de sus personajes una evolución emocional tan compleja y cautivadora como la de Jesse Pinkman en Breaking Bad? No. (*)

¿Entonces por qué carajo darle más tiempo de mi vida a esas tres horas de reiteración y niñería boba?

(*) Sé que Breaking Bad se acabó el 2013. Pero recién el 2014 me puse al día con la serie completa y debo decir de paso que fue, en conjunto, la experiencia televisiva más satisfactoria que he tenido desde la primera temporada de 24.

Más aún, quiero hacer una pequeña nota al pie respecto a lo mucho que me desagradó no sólo la película de Scorsese sino también la fascinación que despertó en muchos críticos. En el mismo año, se estrenó en salas A Walk Among the Tombstones, un modesto policial de Liam Neeson que tenía varias escenas bastante crudas del actuar de sus villanos, un par de violadores y asesinos en serie. Desde luego, la delincuencia económica de DiCaprio está presentada con el toque sardónico e indulgente que tenían los asesinatos y torturas de Buenos Muchachos, mientras que los psicópatas del filme de Neeson no son nada más que monstruos irredimibles sin una gota de carisma. Sin embargo ¿por qué algunos críticos protestaron ante una escena de esa película como era el acecho de los psicópatas a la niña con cámara lenta y música de Donovan y en cambio cayeron extasiados ante escenas similares de El Lobo de Wall Street donde lo que se musicalizaba y editaba era un crimen de distinto grado pero crimen igual, como es la estafa de miles de personas? ¿Es porque en el capitalismo el secuestro y asesinato de personas es peor delito que llevar a la ruina a cientos de familias? Vale como teoría, pero ya que le vamos a pedir estándares de ética al cine de ficción ¿por qué se sanciona una conducta y se celebra la otra?

Otro de los problemas de los recuentos es que títulos como El Lobo de Wall Street son historia antigua. Se estrenaron a principios de año en la temporada de los Oscares –que de hecho es la temporada de fines del 2013 para los gringos- lo que provoca una extraña deformación perceptual estacionaria en el gremio local: ya es tradición entre los críticos chilenos decir (más o menos por ahí por julio) que la cartelera está horrenda y que el año ha sido bastante malo. La verdad es que el año no ha sido en particular peor que el anterior, sólo que el recuerdo de las películas “adultas” de la temporada de premios está quedando atrás y todavía no aparecen en cartelera las de la siguiente cosecha. Se pueden dar distintas razones para explicarse por qué los meses que van desde abril hasta septiembre en los cines chilenos son tan pobres en sorpresas y tan ricos en superproducciones y secuelas (la más importante es que el mercado nacional es un reflejo apenas deformado del norteamericano) pero lo cierto es que ese desbalance crea a la hora del recuento la ilusión de que el año previo fue mejor que este que estamos evaluando. Ahora, no engañemos a nadie: la cartelera el 2014 estuvo muy, muy pobre en comparación con períodos que hoy lucen como épocas de oro. Por ejemplo, el 2008.

¿Qué hubo de valor en las salas chilenas entre enero y diciembre del año pasado? Más que nada, momentos y chispazos de gran cine. A menos que me haya perdido algún estreno, creo que no hubo ni una sola obra maestra, ninguna de esas películas que mueven el piso, aceleran el pulso y te hacen llevar a los amigos a las salas. Las que estuvieron más cerca de esos logros fueron cuatro: Balada de un Hombre Común, Perdida, La Vida de Adele y Matar a un Hombre.

Debajo de esa categoría, nos llegaron grandes piezas de cine de género, de entretenimiento industrial, sorpresas como Relatos Salvajes y Capitán América: El Soldado de Invierno. La primera fue un descubrimiento porque incluso para los que disfrutamos Tiempo de Valientes, el anterior largometraje de Sizfrón, Relatos Salvajes nos cayó como un balde de agua fría. Una película-antología eficiente, directa, sin florituras, sin pedir perdón ni permiso y más encima latinoamericana. Facturada en un país vecino, hablada en español y con varios de sus cuentos ambientados en una ciudad que muchos conocemos de primera mano. Puede que Relatos Salvajes no abra nuevos caminos ni reinvente nada. Pero a cambio de eso entregó una experiencia de sala que era fresca, viva y que no dejaba indiferente. Algunos dijeron que era cine impersonal, de artesano, hecho según fórmulas. Da lo mismo y habría que ser muy snob y estar muy perdido para negar la diversión que ofrece. Capitán América: El Soldado de Invierno debe ser la única película del universo Marvel que me he repetido por puro gusto. Es paranoica y otoñal como lo fueron Los Tres Días del Cóndor y The Parallax View, thrillers setenteros que homenajeaba a conciencia, desde la aparición de Robert Redford hasta la conclusión de un héroe aturdido por la imagen de un país que creía suyo y que en verdad siempre fue territorio enemigo.

Otro capítulo muy interesante del universo de Kevin Feige y sus aliados fue X-Men: Días del Futuro Pasado, que es una especie de accidente feliz/error catastrófico de esos que Hollywood ya no produce. Desde luego que es irregular y por supuesto que su final es absurdo. Pero creo que en su argumento tenía una meta-premisa de mucho valor: desde un futuro donde la franquicia está vieja, metalizada, rodeada de un mundo gris indistinguible en su origen y acosada por bestias digitales que cambian para ser en esencia siempre las mismas, los personajes se fugan a un pasado pre-Star Wars que tiene calle, política, cultura popular, denominación de origen y seres humanos. La metáfora que plantea en ese sentido es muy clara, sin embargo creo que el verdadero error de la película está en otra parte. Esto es como ver un filme sobre O’higgins y la independencia donde nos pidieran que hiciéramos barra por los españoles. Lo que quiero decir: Los  mutantes deberían arrasar a los humanos. Pero no lo hacen porque están atrapados en un cliché donde tienen que ejercer como héroes y salvadores de una raza que los desprecia. A diferencia de Guardianes de la Galaxia (un entretenimiento intrascendente que a ratos quiere ser serio) X-Men: Días del Futuro Pasado es una película seria que se cae tratando de ser Todo Espectador.

También había diversión en Cómo Entrenar a tu Dragón 2, una secuela que sí fue una continuación digna, coherente y que expandió la historia inicial en vez de reiterarla, al revés de lo que suele suceder en las sagas de Hollywood. Su mensaje eco-animalista no está bien llevado, un nuevo personaje femenino tiene escaso interés y su villano es absolutamente plano al lado de sus héroes. Pero esos fueron detalles menores al lado de secuencias como la competencia inicial o el descubrimiento de ese santuario en los hielos. Lo mismo pasó con títulos menores como John Wick (que tenía las mejores peleas del año aparte de The Raid 2, que no llegó a los cines) y Comando Especial 2 (que tenía la mejor secuencia de créditos finales del año). Y se pueden citar aquí en este apartado de cine-de-género-que-no-brilló-pero-dio-alguna-luz cosas como Frozen, El Planeta de los Simios: Confrontación, Interestelar, Hércules (finalista de mejor secuencia de créditos finales del año), El Gran Hotel Budapest, Non-Stop (otra de Liam Neeson llevando la saga Taken a los aviones), Escándalo Americano, Jack Ryan: Código Sombra, Tres Días Para Matar y La Fortaleza. Todas son alternativas más que dignas para gastarse una noche de viernes o un domingo por la tarde.

En una categoría distinta habría que poner películas en apariencia tan dispares como Paddington y 12 Horas Para Sobrevivir (The Purge 2). Ambas son producciones que en verdad no auguraban nada bueno y ambas me sorprendieron. Paddington, una historia infantil protagonizada por un oso que habla, es tan anticuada y old-school que podría haber sido hecha en 1950. Tal vez por eso se deja ver como se dejó ver hace más de treinta años la Annie de John Huston: sin ironía, sin guiños adultos socarrones, asumiendo con estoicismo británico su vocación de matiné familiar. 12 Horas Para Sobrevivir es toda una rareza: una secuela que toma un concepto de mierda descrito en una anterior película de mierda y lo saca adelante en una anécdota de grupo-humano-perdido-en-la-ciudad que funcionó de maravillas porque no esperaba nada de él. Además la destaco porque me confirmó que Frank Grillo (ese Eric Bana de cuneta) tiene todo lo necesario para graduarse a la brevedad como gran héroe de acción.

Al revés, viendo El Justiciero (The Equalizer) con Denzel Washington, me expuse a la dolorosa experiencia de ver a un actor que admiro dando jugo en un género al que ya no pertenece. ¿Denzel en Crimson Tide salvando al mundo de la guerra nuclear? Compro. ¿Denzel en Hombre en Llamas salvando a la única niña blanca de México? Compro. ¿Denzel en Día de Entrenamiento enseñándole a Ethan Hawke la ropa sucia del sistema? Compro veinte veces. Pero en El Justiciero (el Viagra-thriller de rigor este año) me quedaron dos cosas claras: no puedes peinar canas y posar de héroe de acción sin apostar por la autoparodia (un hilo que Stallone estiró hasta romper con Los Indestructibles 3) y tampoco puedes pretender darle aire trágico a un guión que es poco más que un refrito de El Vengador Anónimo. El director Fuqua es el mismo de Día de Entrenamiento. Esa era una película policial con sabor local, con detalles, con personajes de verdad y tragedia humana. El Justiciero parece grabada en los mismos estudios donde se hacen los episodios de CSI. No tiene vuelo, interés ni delirio alguno, lo que es un pecado mayor cuando se está contando una historia de venganza.

Títulos que eran más interesantes que buenos:

Her, Trascendence, Noé, El Hombre Más Buscado, Don Jon. En esta categoría, aunque no llegaron a cines, tengo que agregar Under the Skin y Enemy.

Títulos que fui a ver por obligación y que me entretuvieron mucho más allá de las expectativas:

Al Filo del Mañana, Lucy, Hércules.

¿Qué decir de los desastres, los horrores, la mediocridad? Hagamos la lista.

Operación Monumento: La Gran Estafa para abuelitos adictos al History Channel.

Annabelle: La prima tonta de El Conjuro. Además, qué vergüenza toparse con esta mugre el mismo año que se estrenó The Babadook.

Buenos Vecinos: Se supone que Seth Rogen ofendió a Corea del Norte con The Interview. A mí este bostezo eterno me parece un crimen mayor. Aunque sí rescato a Rose Byrne, cuya actuación al lado de Rogen deja en claro las enormes limitaciones que el tipo tiene como actor más allá de ser una versión de carne y hueso de Manila Gorila.

El Juego de Ender: ¿Me están hueveando? ¿No acabo de ver Maze Runner? ¿Y no se viene otro capítulo de Los Juegos del Hambre? ¿Y qué está haciendo Harrison Ford acá imitando al Lou Gossett Jr de Reto al Destino? ¿Tanto necesitaba la plata?

Los Indestructibles 3: Estamos en problemas cuando lo mejor de tu multi-estelar reparto es Antonio Banderas parodiando su propio Gato de Shrek o –en su defecto- una luchadora que ni siquiera es actriz.

Sin City 2/300: El Nacimiento de un Imperio: Este programa doble de “Eva Green dándolo todo en una película que no la merece” es muy intrigante. ¿Por qué Green acepta estos roles tan claramente por debajo de ella? ¿Es por plata? ¿Quiere ser la nueva Milla Jovovich? ¿O estamos ante otro caso del Síndrome Naomi Watts, la buena actriz que tiene terror de decir que no y quedarse fuera del mercado?

Una Pareja de Idiotas 2: Patética. Fea de ver. Aburrida. Insalvable. Scorsese con El Lobo de Wall Street lució como el abuelo que dice garabatos para mantener el respeto de los nietos. Los Farrelly acá lucieron como los cuarentones padres de familia que siguen contando la historia de esa vez que chocaron curados una ambulancia.

El Hobbit, La Batalla de los Cinco Ejércitos: ¿Pueden creer que el tipo que hizo este horror es el mismo que hace veintidós años dirigió Braindead?

Robocop: Un montón de productores jalando mucha coca alrededor de una enorme mesa en Hollywood. ¿Hagamos un remake?, dice uno. ¿De qué?, pregunta otro. ¡De Robocop!, grita el primero. Todos celebran. Siguen jalando.

Exodo, Dioses y Reyes: Lo peor que puede salir de la mano de Ridley Scott, un tipo que le da al concepto de “director irregular” un nuevo nivel de significado. Y cuando digo “lo peor”, sí, estoy pensando en G.I. Jane e incluso en Leyenda. La única cosa extraña o fuera de lo común en este bostezo eterno vino de la vocación de Scott por mostrar momentos de daño físico que son al mismo tiempo hermosos y perturbadores. Aquí eso aparece en un par de escenas de batalla, pero es imposible olvidar el interés que Scott tiene en el tema a lo largo de toda su filmografía. Pienso en Roy Batty aplastando los ojos de Tyrell, en el degollado con los billetes saliendo de su pescuezo en Lluvia Negra, en las torturas-entrenamientos de G.I. Jane y, por supuesto, en la cesárea de Prometeo. Ridley comete el desliz táctico de dedicarle la película a su hermano suicida Tony Scott, lo que es un error porque nos hace recordar que Tony sí sabía filmar grandes escenas de acción.

Este es el Fin: Ojalá.

Transformers 4, la Era de la Extinción: Hay pocos argumentos que puedan defender la idea de que este es un filme dramático que apunta a capturar la atención de seres humanos. Mi teoría es que es una pieza de porno destinada a criaturas digitales que todavía no existen.

El Sorprendente Hombre Araña 2: El primer filme era –sorprendentemente– muy digno. Pero ya no hay tiempo para que las sagas decaigan de manera paulatina, como ocurrió con James Bond en los ’70 o con Star Wars desde El Regreso del Jedi hasta La Amenaza Fantasma. Ahora todo tiene que irse al carajo en el segundo filme, ojalá en los primeros veinte minutos.

En el Tornado: Esta acumulación de escenas de territorio destruido apunta a un segmento muy definido de espectadores. Son aquellos que en 1996 vieron Twister y se aburrieron con las escenas de diálogo, que ya eran escasas en esa película y que aquí son tan breves que a veces se reducen a una instrucción o a un grito: Corre. Cuidado. Salta.

Tortugas Ninja: ¿Ustedes pensaban, al igual que yo, que jamás habría una película de tortugas ninja tan estúpida como esa donde viajaban al Japón feudal? Estábamos equivocados.

Líbranos del Mal: El cine de terror tal como Hollywood entiende el género ha tocado fondo. Tal vez ya lo tocó en los ’90, cuando Wes Craven lo usó para la simple autoparodia mercenaria o quizás no tenía remedio mucho antes, cuando George A. Romero lo declaró muerto y pulverizado al final de su magnífica Day of the Dead (1985). Lo insólito es que el director es el mismo que hizo Sinister (2012) que no sólo era escalofriante en serio sino que también calificaba como una de las buenas películas-sobre-escritores de la última década.

Nuestro Video Prohibido: Se supone que es una comedia, pero interesa mucho más leerla como relato de ciencia-ficción. Sucede en una Norteamérica sin pobres, sin contexto político, donde las ciudades son eternas concatenaciones de suburbios de clase alta y donde la gente compra, regala y pierde iPads de última generación como si fueran calcetines.

El Arte de la Guerra (The Grandmaster): Me gustó un poco más la primera vez que la vi en comparación con la segunda pasada, donde la terminé odiando a un nivel superlativo. Puede que Wong Kar Wai vuelva por sus fueros en un futuro lejano, pero el que conocemos hoy luce atrapado en un círculo cerrado similar al que tiene todavía cautivo a un director como Almodóvar. Todo lo que Wong Kar Wai puede ver alrededor suyo es una película de Wong Kar Wai. Y ni siquiera su inmersión en un género tan vital, denso y lleno de vericuetos como el cine de patadas logró sacudirlo de su marasmo.

Las mejores

Balada de un Hombre Común tiene poca relación con la mayoría de los filmes de los Coen. Sus antecedentes hay que buscarlos en títulos como Un Hombre Serio o Barton Fink. Y en ese contexto, es una perla: un filme delicado, que mantiene de principio a fin un tono que oscila entre el drama, la comedia negra y la farsa abierta. Es, por supuesto, una película consciente de su propia importancia, calculada y calculadora, como son todos los trabajos de los Coen. Pero además tiene la belleza de un trabajo de veteranos, de hombres mayores que cuentan una historia de derrota y miseria artística sin rasgar vestiduras ni explotar ninguna lágrima fácil. En un territorio –el artista incomprendido o ignorado- donde campean los lloriqueos y el puño al aire, los hermanos Coen postularon una opción muy refrescante: a veces la gente no obtiene lo que desea. A veces no somos protagonistas de nuestras propias vidas. A veces la grandeza no nos toca y sólo nos queda presenciarla, ya sea en el culo de un gato alejándose o en la silueta de un púber que se sienta a tocar en el local donde ya no volveremos a brillar.

Perdida es cine B noventero hecho con todos los lujos y recursos que el Hollywood de hoy puede pagar. Es una película que contiene casi todas las obsesiones de su director –quien no será un autor pero vaya que es un profesional- y también contiene varias observaciones muy sencillas y muy reales sobre el matrimonio. Está hecha con cuidado extremo, vuela a pesar de sus dos horas y media de duración y contiene un personaje (la hermana del protagonista) que es nuevo en el mundo de Fincher, un director poco acostumbrado a darle a sus mujeres la libertad de acción que le ofrece a sus héroes masculinos. Algunos dijeron que parecía una serie de televisión. ¿De verdad? ¿En qué canal dan esas series?

Me gustó mucho Boyhood y aprecio el esfuerzo involucrado y el trabajo de sus actores y etc, etc. Pero La Vida de Adele retrató el paso del tiempo en su personaje principal de una manera que encontré mucho más fina y dúctil, descansando menos en el diálogo y harto más en los gestos, en la composición de una imagen o en la manera en que el color y el sonido construyen un momento que puede decidir una vida. Tiene, como se dijo hasta el cansancio, secuencias de sexo bastante audaces y explícitas para el promedio de la cartelera nacional. Pero sus grandes hallazgos están en otros rincones. Como en esa magnífica escena de la comida con los padres de la protagonista, cuando la novia descubre el mundo de donde viene, los valores de los dueños de casa y el no-lugar que ocupa dentro de la vida de Adele.

Matar a un Hombre narra otro tipo de proceso vital: cómo un padre de familia acorralado por la violencia elabora en su cabeza la argumentación necesaria para tomar una vida en aras de su paz mental. Nada de eso está discutido con palabras en la historia. Pero lo vemos suceder, vemos el derrumbe de cualquiera de sus esperanzas de justicia o simple entendimiento con su enemigo. Matar a un Hombre existe en un universo primitivo y post-social donde ya no hay posibilidad de razonar. Ni con el Estado, ni con la familia ni con el matón que convierte tu vida en un infierno. Es una película tensa, ingrata, áspera y sin embargo cautivadora. Tiene momentos de pura belleza (el personaje ocultándose detrás del auto en la oscuridad mientras arriba se enciende y apaga la luz de su enemigo) y otros que evocan la lógica ultraterrena de Tarkovski (la puerta que se mueve luego que los personajes abandonan el plano). Y tiene un diálogo que resume décadas de despojo y abandono de toda una clase –y de un género- en manos del país. Ocurre luego de que la hija del protagonista es ultrajada en plena calle, cuando sus padres reciben de un empleado del hospital la noticia de que en el cuerpo de la niña no hay señales de violación. Una cosa es el despliegue de brutalidad que vemos. La otra es la lectura que el sistema y la ley hacen de lo que es o no un delito grave. En el medio está vibrando el compás moral de esta película, que jamás pierde pie y que nos entrega en la figura del Kalule (Daniel Antivilo) a uno de los grandes villanos de la historia del cine chileno.

Mejores revisiones

The Believer (2001), la olvidadísima película de Henry Bean donde un joven Ryan Gosling da la actuación de su vida encarnando a un neonazi de origen judío (el personaje está inspirado en un hecho real). La vi hace una década y me llamó la atención, desde luego, cuán superior era a las boberías progresistas de American History X (1998), la película con Edward Norton como el nazi que se redime gracias a una temporada en la cárcel. The Believer no cree en redenciones y epifanías porque su tema no es la naturaleza del mal sino la obsesión por el saber. Por entender la historia de tu raza, tu grupo, tu familia y por conocer qué lugar mereces dentro de ese flujo de sangre y tragedia. No es perfecta y tiene ese error del cine social noventero que hoy luce casi como una bendición: todos sus personajes, desde el principal hasta el más fugaz secundario, son articulados, cultos y despiertos. Eso les permite sumergirse en debates que van de lo vulgar a lo metafísico. Y es también lo que deja la sensación de estar viendo una película que no se va a volver a repetir. Southern Comfort (1981) es un drama de sobrevivencia ambientado en los pantanos de Louisiana del que tenía un vago recuerdo de alguna sesión de trasnoche en el cable. Lo dirige Walter Hill, está protagonizado por un Dream Team de grandes actores ochenteros y es una perla del género y de la década.

Y en la subcategoría Película que por fin pude ver luego de años de leer y escuchar sobre ella: Il Divo (2008), de Paolo Sorrentino, que tomó todas las lecciones del Scorsese pre-Pandillas de Nueva York y las ejecutó con amor de primer alumno en este perfil de Giulio Andreotti que tiene todo el rock, la velocidad y la sangre caliente que a su maestro le faltan por estos días.

(También vi La Gran Belleza, pero la que me gustó fue Il Divo)

Mejor película vista fuera de las salas

The Babadook. Es impresionante primero porque es un largometraje debut, de una directora australiana que filma como si tuviera décadas de experiencia a la espalda. Que conoce su historia al detalle. Que dirige a sus actores no sólo con pericia sino además con cariño. Que junto con su actriz Essie Davis inventa un personaje femenino integral y complejo dentro de un género que históricamente ha usado a las mujeres de la peor manera en más de un sentido. The Babadook es impresionante, además, porque la tensión que desarrolla y mantiene hasta el último de sus 93 minutos casi no tiene referentes en el cine de terror que se produce hoy en la industria. Hay que moverse al pasado, a los mejores momentos de Sexto Sentido (1999) y a las memorias lejanas de Don’t Look Now (1973) o The Innocents (1961) para encontrar vestigios de esta historia sobre niños que ven demasiado y adultos que no entienden nada. Sin embargo, la película que se me vino a la memoria pensando en The Babadook fue la magnífica Paperhouse (1988), de Bernard Rose. Ambas comparten una historia de terror que sucede casi por completo bajo techo en un solo lugar. Ambas tienen, por otra parte, una aguda sensibilidad respecto a los protocolos que los niños desarrollan para relacionarse con sus mayores. Y en los dos casos, hay un delicado equilibrio entre el mundo real y el universo del sueño, del cuento infantil y de la pesadilla de madrugada. The Babadook es una película hecha de puertas que crujen y sábanas que dejan entrar la luz y a veces la sombra. También es una película de terror que entiende un gran detalle: los adultos en verdad no pueden proteger a los niños del horror del mundo y eso los niños siempre lo saben.

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4 respuestas a Algunas notas sueltas y muy atrasadas sobre las películas del 2014

  1. Empecé odiando tus comentarios y terminé de leer esbozando una sonrisa. Buen texto, se agradece. La buena crítica, creo, tiene ese poder de hacerte pensar por qué a él/ella no le gustóla pelicula y a mi si, o al revés.

  2. Concuerdo con Babadook, increíble.

  3. marco dijo:

    Es posible que nos compartas el texto para un blog sobre cine que realizamos un grupo de amigos? Te lo agradecería en el alma.

  4. marco dijo:

    gracias por responder mi pedido Daniel. Un abrazo.

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