Chacrearse

(Publicado originalmente en Somosblogs.cl, abril del 2012)

 

No sé si todavía se usará el concepto o si tendrá el mismo sentido que alguna vez tuvo, pero cuando estaba en la universidad, a mediados de los ’90, había cosas que se chacreaban.
Que algo se chacreara era lo peor. Quería decir que algo especial, hermoso y conocido sólo por algunos, había pasado al reino del saber universal. Significaba que ahora era citado por los poseros (tampoco sé si todavía se usa esa palabra) y que había dejado de tener cualquier onda.
El chacreo era un veneno que acechaba en todas las esquinas. Las historietas de superhéroes de la editorial argentina Perfil se chacrearon (aunque no entiendo cómo, si siempre se vendieron en los kioskos), la cultura ovni se chacreó con el éxito de los Expedientes X, Tarantino se chacreó e incluso muchos músicos que siempre tuvieron –me parece a mí- una vocación irrenunciablemente popular fueron vistos como chacreados por algunos de sus seguidores.
Recuerdo un aniversario de la Universidad de La Frontera, donde yo estudiaba, cuando fueron a tocar Los Tres en el gimnasio Bernardo O’Higgins de Temuco. Habían sacado Se Remata el Siglo y ofrecieron uno de los mejores conciertos que me haya tocado ver. El gimnasio entero vibraba, Henríquez cantaba saltando, Angel Parra era el amo de todos los riffs. Miles de personas coreaban cada canción. Un compañero se me acercó a la salida y me dijo: Puta, estos locos se chacrearon. Ahora los conoce todo el mundo.
Lo dijo con pena auténtica. Ni entonces ni ahora puedo entender esa pena. ¿Cómo puede molestarte que un ídolo personal se vuelva masivo? Debería molestarte que el tipo cambie su discurso para ser masivo, eso lo comprendo. Pero ¿por qué tendría que molestarte que gente que nunca se encontró con eso que admiras de pronto tenga acceso?
Chacrearse es un concepto horrible. Desprecio a la gente que lo usaba y a quienes lo siguen usando, en cualquiera de sus variantes. Primero que nada, porque parte de una hipótesis intrínsecamente cretina: En mi mundo, en mi pequeña parcela, nadie más que yo y algunos elegidos sabían de esto. Ahora se masificó. Escapó a nuestro control y, por lo tanto, dejó de ser valioso.
Eso implica creer que tu pequeña parcela es el único trozo de mundo que importa, me parece a mí. Además, ¿quién eres tú para venir a dictaminar quién debería o no debería acceder a determinada banda, escritor o cineasta?
He llegado tarde a un montón de cosas. A veces, por razones generacionales, como es el caso de mi gusto por Welles o Kurosawa. Los conocí cuando ya se habían chacreado. A otras llegué temprano: cuando aluciné con Takashi Miike, habían muy pocas personas en mi entorno que supieran de su cine. Pero nunca cometí la estupidez de creer que eso me hacía especial. O que ese desconocimiento se extendía al mundo entero.
¿Por qué no iba a querer que legiones de chilenos conocieran al tipo que me estaba volando la cabeza con sus películas? ¿Qué cosa tan terrible iba a pasar si Miike se volvía popular o taquilla (otra vieja palabra)?
Alguno podría decir: Es que los recién llegados no saben apreciar a tu objeto de adoración. No entienden por qué es tan especial, por qué merece nuestro amor, nuestro bobo afecto de camarilla cerrada. Lo van a leer mal, van a reciclarlo en videoclips, libros, películas malas, columnas de pacotilla, van a profanarle hasta convertirlo en algo masivo.
¿Aló, Moscú? Lo masivo es Justin Bieber. Lo masivo es Batman, Dan Brown, Mundos Opuestos. Ojalá Takashi Miike fuera masivo. Ojalá dieran sus películas en la televisión abierta los domingos por la noche.
El miedo al chacreo era y es una estupidez adolescente. Es el miedo a que aquellos artefactos culturales que abrazas con pasión –y que crees que te definen- sean adoptados por gente que desprecias. Es el miedo, en el fondo, a que tengas que buscar otra cosa que te haga sentir especial. Pero ese es un problema tuyo, no del resto.
Esta aristocracia del gusto y la novedad secreta sigue viva, incluso en esta era de Google y aldea global. Se han inventado zonas VIP en los conciertos no para que unos pocos privilegiados tengan mejor experiencia del show (mi pálpito es que muchas veces se aburren) sino para hacerlos sentir que están separados de los que llegaron tarde. Si fueras un fan de verdad, habrías pagado lo que yo pagué por esta entrada. Me parece una lógica obscena y me deprime que algunos la defiendan.
Ojalá mis gustos de universitario se hubieran chacreado. Ojalá todo el mundo opinara que Keith Giffen es un maestro del cómic, que Elvis Costello merece tocar en Chile y George Romero es un gran cineasta. Habría tenido más gente con quien conversar o compartir mis gustos. La mayoría de las cosas que me interesan no son masivas. Ojalá lo fueran. Pero, de nuevo, qué es lo masivo en estos tiempos de Twitter y Facebook.
Nadie que haya alcanzado cierto grado de madurez puede ofenderse porque su artista favorito alcanza la fama y el reconocimiento que mereció en un principio. Querer que sigan siendo unos muertos de hambre que tocan, escriben o filman para un grupito de fieles es una niñería de marca mayor.

A lo mejor el tipo que venerabas en la universidad ahora se convirtió en un vendido que produce basura para las masas. Adivina qué: esa decisión es de él y tú no tienes pito que tocar. Mejor aún, puede que en veinte años mires hacia atrás y descubras que el artista que se chacreó tan sólo estaba evolucionando para comunicarse con una audiencia mucho mayor. Puede ser que en veinte años entiendas que el que se chacreó eras tú, esperando de tus ídolos un congelamiento que al final nadie podía cumplir.
Entonces ahora has alcanzado tus sueños. Estás solo, en una burbuja donde nada penetra, ni la novedad, ni el cambio, ni esa sensación tan adulta y saludable de que todo tiene que evolucionar, incluso aquello que alguna vez nos rompió el corazón.

 

takashi-miike

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Una respuesta a Chacrearse

  1. wichiluca dijo:

    Lo malo no es que el artista se chacree. Lo verdaderamente malo es que al artista lo chacreen: ejemplo, el shock al escuchar Marillion por los parlantes del suoermercado….

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