Cosas de hombres: Investigando el papel

(Originalmente publicado en el sitio civilcinema.cl a mediados del 2003)

 

Roger (Campbell Scott) es un publicista neoyorquino mujeriego y vanidoso, que alardea de conocer como nadie los mecanismos crueles que rigen las relaciones entre los sexos. Pero su conquista más reciente -su jefa- le acaba de dar el sobre azul para luego recordarle el pequeño detalle de la diferencia jerárquica. De vuelta en su escritorio, Roger se encuentra con su sobrino Nick (Jesse Eisenberg), un adolescente nervioso que ha pasado a visitarlo mientras se encuentra en la ciudad tramitando su ingreso a Columbia.

Así empieza Cosas de Hombres (Roger Dodger), una pequeña gran comedia sobre una de las preguntas más viejas de Occidente: cómo seducir mujeres.

Pero la película está en las antípodas del viejo y resistente género de Despedida de Soltero y otras joyas de ese tenor: al revés de otros filmes de premisa similar, en Cosas de Hombres, la líbido no es una energía bullente y furiosa hirviendo en la sangre de todos los personajes. Más bien es una atmósfera, un caldo tibio agazapado detrás de las mentiras e historias que se cuentan al calor de un par de tragos.

Ya sea para curar su maltrecho ego o tal vez porque la ansiedad de debutante de Nick gatilla alguna clase de nostalgia en Roger, el viejo zorro citadino decide darle al chico algunas lecciones en terreno de cómo un hombre hecho y derecho se lleva a una hembra a la cama. Pero todo comienza a salir mal: de un bar lleno de humo a una placita silenciosa, de una fiesta donde nadie los quiere a un prostíbulo subterráneo, el sexo los esquiva y burla una y otra vez.

Soy actor. Estoy investigando un papel“, miente Nick cuando el portero de un bar lo echa por ser menor de edad. Y a su manera, eso es lo que está haciendo: nada de lo que Roger intenta enseñarle tiene relación con decir la verdad o buscar real contacto con otras personas. Todo es ficción, esgrima verbal, mistificación elevada al cubo. Cosas de Hombres es una de esas películas que nos recuerdan el poder del buen diálogo en pantalla y cuánto daño le ha hecho al cine el viejo cliché de lo aburrido que puede ser ver a dos personas simplemente sentadas conversando.

La extensa secuencia donde ambos intentan seducir a dos veteranas de la noche neoyorquina (Jennifer Beals y Elizabeth Berkley) es uno de los más deliciosos pedazos de cine puro que me ha tocado ver en años. Mientras mentiras y crueldades van y vienen por sobre la mesa atiborrada de copas, la cámara se mueve entre los rostros, siempre revelando apenas un pedazo de los cuerpos, bailando con los personajes, atisbando las segundas intenciones detrás en cada halago y falsa confesión. Y cuando Nick, en un minuto de confianza, revela una vieja vergüenza familiar, es el propio Roger quien le recuerda furiosamente que seducir mujeres no tiene nada que ver con decir lo que uno realmente piensa o siente, sino con hablar del tema-que-nos-ha-convocado-esta-noche: el sexo.

Mucho se habla sobre vaginas y penes en esta película, pero la praxis nunca se muestra. Como en los mejores momentos del cine de Kevin Smith o Neil LaBute (otros directores obsesionados con exponer la poesía detrás de la impudicia verbal), en Cosas de Hombres se sugiere la vieja teoría de que quienes más tienen que decir sobre el coito son quienes menos lo entienden. Roger lo practica como un deporte: en el momento en que el sexo amenaza con convertirse en algo más -cuando se descubre, a medio camino, furioso por el rechazo de su jefa- el rey de los seductores pierde la brújula y se comporta con la misma torpeza que los adolescentes vírgenes de los cuales se burla.

Pero ¿hay verdad en las arengas de Roger respecto a lo que hombres y mujeres buscan en la cama? A cierto nivel, sí: sus tácticas podrían conseguirle a una de las féminas que aparecen en la historia, siempre y cuando ella estuviera buscando lo mismo que él. Pero es Nick quien en verdad llega a entender que el sexo es, antes que nada, la expresión de algo más, un eco de un contacto entre mentes que la cháchara de su tío ha estado bloqueando toda la noche.

A medida que la velada avanza, cada intento de Roger por desvirgar a su sobrino se va volviendo más y más sórdido. De levantar treintonas despiertas y avezadas en un bar de solteros, termina empujando al chico a los brazos de una mujer demasiado borracha para saber qué está sucediendo. Paralelamente, tira todo su discurso por la ventana cuando enfrenta a su ex-amante en mitad de una fiesta y deja en claro que, a la luz de su fracaso como macho y pareja adulta, todo lo que tiene para ofrecer son obscenidades y mala leche.

La noche amenaza con terminar en un prostíbulo que parece una versión del infierno húmedo que habita en la cabeza de Roger: penumbras rojizas, música fuerte y mujeres interesadas sólo en el toma y daca del sexo pagado. A partir de ese punto, la película toma un camino que termina en el que a mi juicio es el mejor final: un despertar melancólico y solitario, donde nos enteramos de Nick no está en Nueva York precisamente para chequear su ingreso a la universidad, y donde Roger termina sentado en el sillón de su departamento, mirando a la cámara, en una forma similar a como lo hacía Maggie Gyllenhaal en el último plano de La Secretaria, otra comedia sobre la desorientación de los individuos frente a los nuevos vientos de las políticas sexuales.

Pero luego el guión comete su único gran error: introducir una especie de epílogo donde es Roger quien irrumpe en el mundo escolar y espinilludo de su sobrino, para desparramar algunas perlas de sabiduría en el casino del colegio y para cerrar la cinta con un llamado al carpe diem del despertar sexual. Es una secuencia débil e inútil, que intenta blanquear al supuesto seductor y darle una pátina de redención que el personaje no necesitaba. Es una falla grave, pero no mortal: los últimos diez minutos de Cosas de Hombres podrán tratar de convencernos que un par de grandes pelotas y buena labia es todo lo que necesitamos para relacionarnos con el sexo opuesto, pero -por suerte- todo lo que hemos visto anteriormente nos ha hecho recordar la mezcla de miedo y lástima con la que mirábamos a esos supuestos choros de las pampas del colegio, esos que nos decían que todo lo que las mujeres buscaban en el sexo era lo que nos colgaba entre las piernas.

 

roger-dodger.jpg

 

 

 

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Una respuesta a Cosas de hombres: Investigando el papel

  1. Andrés dijo:

    Excelente crónica Daniel. La había leído antes cuando mi copia en VHS de “cosas de hombres” llevaba los dichos de Roger a mi cabeza. Tiempos de Podcaster también. Felicitaciones por escribir así del cine.

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